Cómo cambiar la cultura sobre sostenibilidad

En las empresas es frecuente que ante cambios o mejoras de cualquier tipo, nos planteemos cómo podemos conseguir la colaboración de las personas que están implicadas en los objetivos propuestos. Sabemos que la unión hace la fuerza, que los equipos pueden llegar más lejos que una persona, que el espíritu de iniciativa o las actitudes colaborativas son necesarias. Especialmente es importante conseguir la colaboración de todas las personas ante los cambios culturales. Por eso, me ha parecido interesante las reflexiones del profesor Argandoña en su blog en una entrada titulada «Cómo implicar al personal» sobre el cambio de cultura respecto a la sostenibilidad y que te copio a continuación.

Los grandes viajes empiezan con un primer paso. Pero luego hace falta dar otro. Y otro… Pequeños, pero bien orientados y perseverantes. Digo esto porque a menudo no sabemos cómo cambiar una cultura en la empresa, o unas prácticas que no nos gustan. Y pensamos en grandes declaraciones, en formulaciones altisonantes… descuidando los pequeños pasos.

Por ejemplo, cuando se trata de cambiar la cultura de la empresa respecto de la sostenibilidad (medioambiental). «Es que en esta empresa la gente no se preocupa de estos temas». De acuerdo: hay que empezar por arriba; si la gente piensa que los del Consejo de Administración están por otras cosas (el beneficio, por ejemplo), no harán nada en serio. Por eso hay que empezar por arriba, preguntándonos: ¿de qué va eso de la sostenibilidad? ¿Va con nosotros? ¿Tenemos alguna responsabilidad? ¿Ya lo hacemos todo bien? ¿No? Entonces, ¿podemos hacer algo? ¿Qué? Pero eso… ¿va en serio o es greenwashing?

Un error que hay que evitar: crear la División de Sostenibilidad, o el Departamento de Responsabilidades Medioambientales… porque esto lleva a delegar la responsabilidad en ellos. Y la sostenibilidad, como cualquier otro aspecto de la Responsabilidad Social, debe ser cosa de todos. «¡Todos a bordo!», debe ser el lema. «¡Todos hacemos falta!».

Empezar por los departamentos más implicados. Compras. Fábrica. Distribución. Marca. I+D. Dirección de personas (sí, Dirección de personas… a ver si se enteran de que eso nos interesa a todos). Gestión de residuos. Ventas, claro, porque esto va de personas, o sea, de clientes. Y Relaciones públicas.

Entonces, me dice el lector, hemos de encontrar un buen consultor que nos diga qué hemos de hacer. Pues no: primero hemos de pensarlo nosotros, hacer nuestros planes, equivocarnos unas cuantas veces, pelearnos entre nosotros… y solo cuando tengamos el plan pergeñado iremos al consultor para que nos ayude a corregir los errores y mejorarlo.

Empezar definiendo lo que queremos hacer, lo que queremos ser, lo que se llama ahora el propósito (y antes, la misión). Seguir bajando hasta el último de la casa, para preguntarle qué estamos haciendo mal, qué podríamos hacer mejor, qué está haciendo él mal (no para reñirle, sino para pedirle que nos ayude a ayudarle a hacerlo bien). Y acabar con un listado de prácticas, que todos entienden, que a todos les parecen bien, porque todos han colaborado. Y dar cuenta. Y dar feed back.

Y pedir a todo el personal que, por favor, se lo tome como algo personal, porque lo es. Atraerles, animarles, implicarles, iba a decir «enredarles» para que se lo crean y lo practiquen. Y que entiendan que esto es importante para la sociedad, para nuestros vecinos, para nuestros hijos y nietos… y para nuestra ventaja competitiva, y para nuestra imagen y prestigio… y para nuestros beneficios. Pero esto es lo último.

Y ya hemos dado el primer paso. Sigamos con otros, en la misma dirección, corrigiendo los errores, volviendo a «vender» la idea dentro de la empresa y a su alrededor…

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