El Internet del yo

Desde hace años se habla de “el Internet de las cosas”, porque cada vez más las empresas de tecnología buscan conectar a la red los aparatos domésticos, para que funcionen de manera autónoma a nuestro servicio. Ahora, la tecnología va un paso más allá y, en vez de conectar nuestras cosas a Internet, pasa a conectarnos a nosotros mismos; es lo que se llama “el Internet del yo” (The Internet of me ), sobre el que escriben Andre Spicer y Carl Cederström en The Conversation.

Pongamos algunos ejemplos: desde hace tiempo conocemos aparatos que pueden controlar nuestras pulsaciones mientras hacemos deporte o nuestra actividad cerebral mientras dormimos. También hemos oído hablar de relojes inteligentes, desde los que podemos recibir y contestar nuestro correo electrónico. ¿Qué pasaría si ese mismo reloj hiciera estas dos funciones?, ¿podría avisarme de que necesito hacer deporte gracias al escaneo de mi cerebro?, ¿podría detectar que me gusta una canción, gracias a la resonancia de mi piel?, ¿podría controlar las funciones neurológicas o biológicas de mi mascota y mantenerme al tanto de las mismas? Parece ser que sí. Si la tecnología consigue descifrar la información biológica y cognitiva más íntima de los seres humanos, ¿podrá una máquina decirnos más sobre nosotros mismos, que nosotros mismos?

Tecnología que mide la perfección de la persona

Si estas premisas se cumplen deberíamos preocuparnos. No solo porque esos datos sean descifrados por una máquina, sino porque el acceso a ellos podría no ser de uso exclusivo del interesado: por ejemplo, los empresarios podrían llegar saber qué hacen en todo momento sus empleados o sus consumidores y descubrir mucha información confidencial sobre ellos.

Cada vez nos sorprenden más las recomendaciones publicitarias que nos llegan a través del correo electrónico o de redes sociales, porque la mayoría de las veces dan en el clavo con cosas que realmente nos interesan y que quizá no habíamos comentado con nadie. Si estas recomendaciones se basan sólo en patrones de consumo, el acierto podría ser mucho mayor si estuviera basado en nuestras motivaciones más íntimas, que parece que nuestro cerebro puede revelar.

Sin embargo, aunque la existencia de tanta información circulando por las bases de datos de las grandes corporaciones mundiales plantea muchos dilemas, quizá el gran problema no es tanto ese, sino cómo afecta esto al propio individuo; que cada vez condiciona más sus actuaciones a la información que le llega del exterior.

Por ejemplo, GymPact es una app en la que el usuario introduce el número de veces a la semana que tiene intención de ir al gimnasio. Si no cumple su propósito –el sistema puede saberlo a través de geolocalización– el usuario es penalizado con una multa de 5 dólares, que se reparte entre los otros usuarios de la aplicación que sí han cumplido con su plan. O Pavlok, la pulsera que te envía una pequeña descarga eléctrica cada vez que rompes con tus propósitos, como el de no morderte las uñas.

Todos estos recursos se presentan como una ayuda a las personas para romper con sus malos hábitos, “moldeando” su comportamiento para que sean mejores, más saludables, incluso más felices: “Si fumar te da cáncer, te ayudamos a no fumar, penalizándote”. De esta manera, poco a poco, se va dando a entender que el hecho de tener hábitos poco saludables le hace a uno ser peor persona. Es una forma de confundir el ser con el estar, una burbuja que no para de crecer, donde el bienestar se ha convertido en el imperativo moral por excelencia.

Quizá una pulsera te puede avisar de si cumples o no con régimen, pero ¿podrá llegar a medir si una persona es amable, agradecida, positiva… que es lo que de verdad nos hace ser moralmente mejores?

El selfie como paradigma de narcisismo

Son muchos los que han calificado “selfie” como palabra del año. Aunque algunos lo siguen considerando como el paradigma de la epidemia de narcisismo que nos rodea, según escribe Denyse O’Leary en MercatorNet.co

  • Usar los dispositivos electrónicos de uno en uno: se acabó el ver la tele y consultar Facebook a la vez. No hace falta ser tan codiciosa.
  • La vida continua sin… Desconectar las alertas de redes sociales y correo electrónico del Smartphone: ser yo quien decida consultarlos, cuando yo quiera.
  • Noche de paz: Dormir con el teléfono en “modo silencio”
  • Hora de energía: Trabajar con el móvil en “modo silencio” y consultarlo solo una vez cada hora, no cada cinco minutos.
  • Disponible sin conexión: No sacar el móvil del bolso cuando estoy con otras personas.
  • Comunicar con intención: Cuando cuelgo algo en mis redes sociales, que sean cosas con las que de verdad quiero decir algo, porque me gusta de verdad o me parece interesante.
  • Acentuar lo positivo: aprovechar las cosas buenas y oportunidades que nos ofrecen los medios sociales, por encima de sus vicios o peligros.

Fuente: Aceprensa

One thought on “El Internet del yo”

  1. El Internet del «yo», tal y como lo defines, nos abre un campo lleno de oportunidades pero también de sombras éticas y de problemas sociales. Su alcance podría ser también un cambio fundamental en la comunicación personal, empresarial e institucional. Por supuesto, para el márketing supondría toda una revolución. Habrá que estar atentos. Gracias, José Miguel por abrirnos esta nueva perspectiva.

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