Pereza mental e Infelicidad Digital

Hay un peligro en Internet y en las redes sociales. Y es pensar que con la información tenemos suficiente y que cuanta más, mejor. No tenemos que pensar, sólo acumular más información (…). A medida que nuestro ordenador y nuestros sistemas de comunicación aumentan su capacidad, la gente puede creer que estar informados nos libra de tomar decisiones por nosotros mismos, con lo que, en vez de estimular nuestra creatividad, estamos potenciando nuestra pereza intelectual. Creemos que si acaparamos cada vez más información, no necesitaremos ideas propias. Ya las obtendremos de otras fuentes o de otra persona. Por tanto, ni siquiera examinamos los datos nosotros mismos. Nos basta con repetir lo que han dicho otros. Edward de Bono.

 

En los últimos años, la implantación de las redes sociales ha sido de tal calado que, hoy día, a la mayoría nos cuesta imaginar cómo nos relacionaríamos sin WhatsApp, Facebook o ­Twitter. Estas y otras herramientas digitales nos permiten estar en contacto permanente con gran número de personas, pero también han multiplicado las posibilidades de enfadarnos con un amigo, compañero o familiar, además de precipitar un sinfín de separaciones.

En este artículo veremos los principales riesgos de las relaciones en la red que gestionamos a través de nuestro ordenador o teléfono inteligente.

Un comentario sobre “Pereza mental e Infelicidad Digital

  • el 28 septiembre, 2016 a las 5:04 pm
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    Las redes sociales han entrado con tal fuerza en nuestras vidas que se han convertido en una manera muy habitual de comunicarse con los demás. El problema, es que no solo han conseguido ampliar las maneras de comunicarnos sino que han conseguido, también, ser una gran fuente de problemas.

    Pero, el que considero que es el mayor de los problemas que ha creado es que nos ha hecho más perezosos. Queremos móviles con más capacidad, que almacenen más fotos y videos y en los que podamos apuntar los cumpleaños de nuestros seres queridos. De ahí, que no hagamos el esfuerzo de acordarnos nosotros mismos.

    De hecho, hace no muchos años lo normal es que de marcar el telefóno te supieses el número de contacto de tus familiares y amigos más cercanos. Sin embargo, ahora, simplemente ponemos su nombre en el móvil y aparece un número que ni siquiera miramos o tratamos de memorizar.

    En definitiva, vivimos en una sociedad en la que cada vez los teléfonos son más inteligentes y nosotros mismos nos estamos volviendo cada vez más tontos.

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