¿Qué estás leyendo? La empatía y la literatura

“Estamos constantemente lanzándonos preguntas unos a otros. Pero deberíamos hacernos más a menudo una pregunta: ¿Qué estás leyendo?”. En un reciente ensayo para el Wall Street Journal (WSJ), el editor estadounidense Will Schwalbe cuenta la historia de una abuela con la que se encontró en una librería. Esta mujer había intentado recuperar el contacto con un nieto que vivía lejos, pero las respuestas del chaval al teléfono nunca sumaban más que unos pocos monosílabos. A punto de tirar la toalla, aquella abuela le preguntó qué estaba leyendo: Los juegos del hambre, respondió. Así que ella comenzó a leerlo, y el resultado fue asombroso: “El libro ayudó a esta abuela a romper la superficialidad de la conversación telefónica y poder lanzar a su nieto preguntas cruciales que todo ser humano ha de afrontar, sobre la supervivencia y la destrucción, la lealtad y la traición, el bien y el mal…”, cuenta Schwalbe. “Aparte del vínculo sanguíneo, abuela y nieto nunca habían tenido mucho en común. Ahora lo tenían. El cauce era la lectura”.

A la anécdota de Schwalbe no le falta el respaldo de la cifra. Tal y como sostiene Susan Pinker en otro artículo para el WSJ, la literatura de ficción aumenta la empatía de sus lectores hacia otras personas. “Numerosas pruebas de la última década sugieren que las destrezas mentales necesarias para meterse en la piel de un personaje de ficción promueven la empatía con la gente que te encuentras en tu día a día”, explica Pinker apoyándose en dos estudios de la Universidad de Toronto, realizados en 2006 y 2009.

Pero la cosa no termina aquí: una serie de estudios publicados en 2013 por la revista Science señalan que no vale cualquier tipo de ficción; las novelas de terror o románticas apenas nos ayudan a descubrir las emociones y pensamientos de los otros. Solo la que Pinker llama ‘literary fiction’ –donde el peso recae sobre la construcción psicológica de los personajes– nos incita a adivinar las motivaciones de los personajes a través de lenguajes sutiles que despiertan nuestra empatía hacia los demás.

La comunidad de inquietudes e intereses que un libro es capaz de generar no tiene fronteras. Muchas amistades comienzan, o se consolidan, a partir de una lectura compartida; meterse en la piel de un personaje literario es un remedo de la verdadera amistad, donde cada amigo comparte una cierta intimidad con el otro y proyecta en el tiempo una relación significativa con este. Volviendo al caso de la abuela, un libro es a veces el único pasaporte con el que poder asomarnos al mundo interior de otras personas, siempre con la delicadeza y la serenidad que acompañan a la experiencia de leer. En cualquier caso, no deja de ser gracioso –y paradójico– que, en una época rebosante de conectividad, sea un libro –sin links, de papel incluso– y nuestro trato con sus personajes ficticios los que nos devuelvan una conexión más estrecha y honda con los otros.

Pablo Alzola

Fuente: Blog Sobre la marcha (Aceprensa)

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