Ruavieja demuestra que vivimos en cárceles

Ruavieja, de Pernod Ricard, vuelve esta Navidad de la mano de la agencia creativa Leo Burnett con la campaña ‘El tiempo que nos queda’. Tras el éxito cosechado el año pasado, en diferentes certámenes publicitarios nacionales e internacionales, la acción aterriza, en esta ocasión, para hacernos reflexionar sobre el tiempo que perdemos diariamente en “cárceles irreales”, dificultando las relaciones con personas que nos importa.

Esta es la reflexión que Ruavieja nos propone esta Navidad en su campaña. Y a su vez, es el maravilloso reto que nos lanza: ¡escapemos de nuestra propia cárcel! Estas son la rutina, el orgullo, la timidez, la disciplina, la inestabilidad emocional, la ambición, etc. Puedes descubrir la tuya propia en el test de Ruavieja.

Son, en el fondo, excusas. Pero, sobre todo, miedos y barreras sobre los que construimos prisiones que nos atrapan en nuestro día a día y de las que no sabemos salir. Incluso, en el lenguaje cotidiano, hay expresiones en las que mostramos esa necesidad inconsciente de escapar.

La doctora Olga Córdoba, psicoterapeuta que ha colaborado en la elaboración de la campaña de Ruavieja, lo explica perfectamente. “Este tipo de actitudes son uno de los grandes males de nuestro tiempo. Nos encerramos en cárceles que nosotros mismos creamos, la rutina, la autoexigencia, las obligaciones… Nos apartan de hacer cosas con las que disfrutamos, y no nos damos cuenta de que no son reales. Muchas veces hasta que no pasa algo importante no podemos verlo.”

Una de las más reconocibles es la cárcel de la rutina: sucede cuando se entra en una espiral, en la rueda de la vida que gira y gira hasta que uno se siente incapaz de salir. Al pensar esto, aparece el miedo al cambio. La llave para salir de esta cárcel es muy sencilla: la pausa. Cambiar prioridades, realizar pequeños cambios en el día a día que se traducirán en esos momentos que de verdad te hacen sentir bien.

El orgullo forma otra de las cárceles más comunes. A veces quedamos atrapados en un sentimiento de rencor que nos impide acercarnos a esa gente que queremos, pero que alguna vez nos ha decepcionado. En algunos momentos seguramente nos encantaría llamar a ese amigo o familiar y reencontrarnos, pero no podemos, hay una fuerza dentro que en este momento es mucho más poderosa que la amistad: el orgullo. Por su culpa, nos ponemos muros que pensamos que no podemos cruzar. La llave para salir: la humildad. Relativizar y pensar que uno también puede haberse equivocado.

La timidez también puede convertirse en una prisión. Personas que sienten que son aburridas, poco interesantes, miran desde fuera el grupo. Lo ven desde fuera porque les da miedo aburrir, incordiar o estorbar. Por eso a veces dejan de salir con el grupo, o con amigos cuando hay gente nueva. Pero, sin darse cuenta, se encierran en una celda en la que están a salvo, pero que puede que les separe cada vez más. La llave de salida: la aceptación. Entender que ser tímido e introvertido no es ni mejor ni peor, es simplemente diferente.

El sentido de la responsabilidad, la disciplina es una cárcel muy de nuestro tiempo. Sucede a menudo que las prioridades son sólo el trabajo, la familia. En esa categorización de la vida, las obligaciones y los deberes están claramente muy por encima de cosas como ver a la gente que quieres. La salida a esta cárcel se llama flexibilidad: darse cuenta de que tanta rigidez hace que te pierdas una parte de la vida que también disfrutas cuando te lo permites, como los encuentros improvisados o incluso las sobremesas que no estaban programadas.

La última de las grandes cárceles: la inestabilidad. Nos sucede cuando mantenemos relaciones interpersonales inestables, fruto de la impulsividad, a veces con enfados un poco exagerados. Las personas que viven en esta cárcel necesitan chutes de adrenalina; si se aburren necesitan maquinar. O te idealizan o te devalúan. Cambios de ánimo intensos, sensación crónica de vacío. Por ello, al conocer su propio carácter inestable, tienen miedo a sentirse abandonados y dejan de llamar y quedar con sus allegados. Muchos se quedan encerrados, por miedo a liarla.

Para conocer las cárceles que afectan a los españoles, Ruavieja ha realizado un estudio entre más de 1.000 personas con el que conocer dónde nos atrapamos. La rutina es la principal cárcel de los españoles: un 50,5% se encuentran encerrados en ella. La segunda gran cárcel es la de la disciplina: un 19,9% de los encuestados aparece encerrado en ella. La falta de flexibilidad, para estas personas, les está haciendo perderse encuentros con la gente que quiere. En concreto, el 69,7% de los españoles confiesa que le “cuesta mucho pensar en hacer cambios en mi vida”.  La siguiente cárcel es la de la inestabilidad (13,0%). En las cárceles del orgullo y la timidez sólo encontramos al 7,4% y al 6,9%, respectivamente. Aun así, el 46% de los encuestados declara que “no les resulta fácil perdonar y pasar página”.

Ver el análisis de la campaña en Marketingnews, La Publicidad, Ipmark y Reasonwhy

En este blog puedes ver otra campaña de Ruavieja: «Canto a la amistad: Tenemos que vernos más«

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