A acompañar también se aprende

La Universidad de Navarra ha anunciado un programa de formación en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas. Ver información del Programa

Me parece una buena noticia. Y, sobre todo, una noticia necesaria.

Porque acompañar no es simplemente estar cerca. Ni dar consejos deprisa. Ni llenar los silencios. Ni decirle al otro lo que tiene que hacer cuando quizá lo primero que necesita es ser escuchado, sostenido y respetado.

Acompañar bien exige humanidad, sí. Pero también formación, prudencia, paciencia y una cierta humildad.

Quienes hemos trabajado en procesos de acompañamiento personal o familiar sabemos que no basta con la buena voluntad. La buena voluntad es imprescindible, pero a veces puede quedarse corta. Incluso puede invadir, acelerar o simplificar lo que necesita tiempo, delicadeza y verdad.

Hay situaciones en la vida -una enfermedad, una pérdida, una crisis familiar, una herida profunda, una soledad no elegida- en las que la persona no necesita frases hechas. Necesita presencia. Necesita escucha activa y empática. Necesita entender y atender bien el dolor.

Y ahí la dimensión espiritual, vivida con respeto, puede abrir una profundidad enorme. No para dar explicaciones fáciles a cualquier tipo de sufrimiento, sino para recordar que nadie debería atravesarlo solo.

Acompañar no es sustituir la libertad del otro.

Es ayudarle a sostenerse, a mirar con más luz, a descubrir caminos posibles y a no perder del todo la esperanza cuando todo parece estrecharse.

Por eso celebro que la universidad forme también en esto.

Porque una sociedad no necesita sólo buenos técnicos, buenos gestores o buenos profesionales.

Necesita personas capaces de cuidar bien a otras persona

José Iribas

Ver en este blog: La importancia de la paciencia

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