La llegada del Papa, el Sucesor de Pedro, nos recuerda que la Iglesia hace presente la misericordia de Dios y trae esperanza. Nos confirma en la fe, ayuda a caminar unidos y recuerda que Jesucristo sigue vivo en medio del mundo. Ofrecerá orientación, consuelo, o un impulso nuevo para encontrar la verdad: Jesucristo.
Es necesario disponerse personalmente para que el mensaje de León XIV dé fruto en la propia vida. Esperar al Santo Padre ensanchando el corazón, mirando a los otros.
Eesperamos a León XIV con el corazón abierto. Quizá nos confirme en certezas que necesitamos renovar, o nos incomode con preguntas que preferiríamos aplazar, a salir de inercias y cansancios, o de nuestras seguridades.
Es un regalo del cielo que nos ayuda a acercarnos más a Jesucristo y a servir mejor a los demás.
El lema «Alzad la mirada» invita a alzar la mirada: salir del propio yo. Buscar a Dios, y mirar al hermano, que es mirar a Cristo: al que sufre, se siente solo, o ha perdido la esperanza, al que necesita una palabra, una mirada, un amigo.
En su reciente encíclica, León XIV nos invita a abrirse a los demás. Custodiar lo humano. Recibir al Papa será dejarnos envolver por su mirada paternal, que reconoce, acompaña y sirve a todos.
Prepararse rezando más, mirando mejor, descubriendo necesidades concretas a nuestro alrededor: familias con dificultades, jóvenes que buscan un sentido, enfermos, familias sin hogar, personas heridas, ancianos solos, pobres…
Esperando al «dulce Cristo en la tierra», que decía Sta Catalina de Siena.
En el ministerio de Pedro, la Iglesia reconoce un signo visible de unidad, de comunión. Sabernos hermanos, aunque pensemos distinto. Es un momento para perdonar y abrazar al que nos ofendió…
Algunas preguntas que nos podemos plantear: ¿cómo transmitir la fe a las nuevas generaciones?, ¿cómo ayudar a las familias? ¿Cómo construir una sociedad en libertad, justicia, verdad y misericordia? ¿Cómo hacer que la vida ordinaria: el trabajo, el estudio, la amistad, ¿sean lugares de encuentro con Dios y de servicio a los demás?
Podemos buscar a Dios en la vida cotidiana, como enseñó san Josemaría. Él nos puso la meta de poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas.
La visita del Papa no nos saca de la vida corriente: nos devuelve a ella con más responsabilidad. Después de escucharle, volver a cada ambiente, y procurar vivir con más coherencia cristiana, con más alegría, comprensión, perdón y ayuda atenta.
Así, aprender a mirar con más ternura a los pobres y a anunciar a Cristo con gran respeto a la libertad de los demás.
Fuente: Resumen del artículo de Ignacio Barrera, vicario regional del Opus Dei en España

