En la iconografía tradicional infantil, incluso en la medieval de códices e ilustraciones, al año viejo y al nuevo se los representa como un anciano y un niño, una vida se acaba y otra comienza a vivir. Se supone que entre ambos solo hay una sucesión. Sin embargo, hay años que se encadenan continuando su inercia, pese a nuestro deseo —en el caso de los años malos—, o, al revés, interrumpiéndola en contra de él, en el de los buenos.

No creo en ese refrán que dice “Año nuevo, vida nueva”. Es evidente que en 24 horas no se cambia el modo de vida. Pero como los deportistas, podemos ejercitar nuestra voluntad para mejorar nuestras actitudes, superar las dificultades y ser más coherentes con nuestros valores, actualizar y mejorar nuestro proyecto personal, tanto el profesional como el de vida. Es importante lograr la armonía entre nuestra vida personal, familiar y profesional. Sin ser esclavos del trabajo, hemos de cuidar los detalles, hacerlo lo mejor posible, aceptar los imprevistos y tener en cuenta que el éxito no son solo los resultados, sino el espíritu de servicio con que se realiza. Recuerda lo que decía Henry Ford “El fracaso es la oportunidad de empezar otra vez, con más inteligencia”.

Tenemos que pensar en positivo, procurar ser optimistas. Como sucede con los avances de la ciencia y de la técnica. Soy de los que piensan que este año va a ser, en efecto, mejor que el que queda atrás, a pesar de algunos pesimistas, que solo aprecian el lado negativo de los sucesos y de los comportamientos de las personas.

 El año nuevo es ideal para hacer nuevos planes y algunos propósitos de mejora personal, entre ellos no enfadarse, por lo que no tiene solución y vivir intensamente el presente con visión de futuro. Tenemos que vivir con muchísima calma todas las contrariedades que surjan en la vida. Estresarse y atormentarse no soluciona ningún problema. Tratemos de perdonar y olvidar los agravios.

Tendrás que hacer un esfuerzo para cumplir alguna de estas cosas, pero podrás superar el egoísmo y la desconfianza en ti. Todos podemos mejorar nuestras actitudes y la llegada de un nuevo año es ideal para ponerlo en práctica. ¿Queremos vivir en un mundo mejor? Comencemos por dar ejemplo. Seamos amables, tolerantes, ayudemos a todas las personas en la medida de nuestras posibilidades.  Demos los buenos días, demos las gracias por lo que recibimos y vayamos por el mundo contagiando nuestro buen humor.

Este artículo se publicó en el Diario de Almería y en Woman Essentia