Los sueños están para cumplirse
Con 20 años, mi oficina era un semáforo. Y no lo digo con vergüenza. Lo digo con un orgullo difícil de explicar. Mi camerino era un semáforo de luces centelleantes que, para mí, hacía pequeño hasta el Coliseo de Roma. Las rayas del paso de peatones eran las bambalinas. El cielo, el techo del teatro. […]
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