Se acerca la Navidad. Las calles se llenan de luces y anuncios que dicen felices fiestas. Hasta hace poco decían felices Pascuas. ¿De qué fiesta se trata? Se trata de la fiesta cristiana de la Natividad del Señor, que nace en Belén, en una ciudad de Judea, rodeado del cariño de María y José. Un hecho histórico que hoy se trata de difuminar, en aras de una sociedad más abierta y global. Solo que entonces, la felicidad que nos deseamos con entusiasmo deja de tener sentido.

Muchas personas experimentan estos días una vaga aspiración de felicidad, confundiendo no pocas veces ese deseo de bien —que está presente, de un modo u otro, en todo ser humano— con una “bondadosidad” inoperante y superficial, que se apaga ante el primer contratiempo. Es una pena comprobar que cada vez es más frecuente, celebrar la Navidad con viajes lejos de la familia.

Si las felices Pascuas se convierten felices fiestas, los cristianos deberíamos de evitar la banalización comercial de esta celebración y recuperar el sentido religioso. Los cristianos somos conscientes de que lo que se festeja es el Nacimiento de El Salvador, de ahí la alegría que da sentido a las felicitaciones, regalos, reuniones familiares, los villancicos y a las ceremonias solemnes de la Nochebuena.

Para no perder este sentido, la Iglesia nos invita a preparar durante las semanas previas, recorriendo el camino del Adviento, para disponer así nuestro corazón a acoger al Niño Dios que nace. Por tanto, lo lógico es que hagamos más casos a los textos de la liturgia que nos anuncian la llegada del Mesías, que a los reclamos y mensajes comerciales.

Una forma concreta de que preparar la Navidad es poner adornos navideños y un belén, como ya hacen muchas familias e instituciones, que contiene las representaciones de las escenas del nacimiento, de la adoración de los Reyes, la adoración de los pastores, etc. Te aconsejo que te consigas una lista de belenes de tu ciudad para visitar a con amigos y familiares. Verás como disfrutas contemplando esas auténticas obras de arte que hacen las delicias de los niños.

No te olvides de las felicitaciones navideñas, que reflejen el cariño y los buenos deseos para tus familiares y amigos. Para mí, que tengo fe, pienso que la mejor preparación es contemplar durante estos días las escenas del camino de Belén, siendo un personaje más, imaginarme las conversaciones entre María y José y comprobar el cariño con el que harían todos los preparativos para el nacimiento de Jesús.

Este artículo se publicó en el Diario de Almería y en Woman Essentia