No, Coca Cola no se ha pasado al negocio de la distribución de medicinas, al menos por ahora. Pero sí que ha ayudado al desarrollo de ese servicio en países emergentes, como explica un artículo del Financial Times (aquí, en inglés) del 1 de abril (el 2 en la versión en papel). La distribución de medicinas es muy complicada en esos países, por falta de
financiación, dificultades técnicas (refrigeración para las vacunas, por
ejemplo), logística complicada y falta de buena gestión de la cadena de
suministro. Frente a esto, Coca Cola, como otros muchos productos de consumo,
llega al último rincón del país. ¿El secreto? Que todos en la cadena de distribución, desde la factoría hasta el distribuidor, el conductor del
camión y la tienda del pueblo tienen interés en ello.
Con estas ideas en la cabeza, Simon Berry, fundador de la ONG ColaLife, se propuso replicar la cadena de Coca Cola para un producto sencillo, el llamado Kit Yamoyo, un recipiente con agua, sal y azúcar, primera medida para casos de diarrea. No consiguió que el Kit entrase en los camiones de Coca Cola, que ya iban muy cargados, pero sí aprendió cómo funciona la distribución de bebidas carbónicas, y la replicó para sus medicinas. Ahora se puede conseguir el Kit en las tiendas de pueblo (como la de la fotografía) de muchos lugares. ¿El secreto? Cobrar una pequeña cantidad al consumidor final, gracias a la cual se puede compensar a los distintos eslabones de la cadena de distribución, sin que el importe constituya una cantidad inasequible para el paciente pobre, pero haciéndole, al mismo tiempo, valorarlo más; la fabricación es gratuita, a cargo de la ONG.
Lo que Coca Cola aportó al proyecto fue su conocimiento y su experiencia de la cadena de distribución, y su asesoramiento para mejorar los resultados en todas las etapas. Bueno, puro sentido común, ¿no? ¿Quién sabe de hacer llegar productos al último rincón de un país pobre? Pues… aprovechemos su experiencia. Claro que la solución de cobrar no gusta a algunos puristas de la acción social, porque excluye a las personas más pobres. De acuerdo, pero ¿cuál es la alternativa? Una larga caminata, quizás de horas, hasta el centro de salud más próximo, renunciando a los ingresos por el tiempo perdido, para conseguir el producto gratis. “Las tiendas están en todas partes en la Zambia rural, pero los centros de salud no están”.
¿Moralejas? Una: la cooperación de empresas con ONGs tiene muchas ventajas, más allá de que las primeras den dinero a las segundas. Otra: no hagamos ascos a soluciones comerciales, si son mejores que las que tenemos ahora. Otra aún: comparemos los resultados de un proyecto con lo que había antes de él, no con la solución ideal que a los expertos de salón les gustaría conseguir. La última: la imaginación al poder; los problemas se resuelven con ideas, antes que con dinero.