No me va a dar tiempo…Esto es súper difícil…No lo aprenderé nunca…Son demasiadas páginas…¿Te resultan familiares estas frases?. Son algunas de las que dicen muchos alumnos cuando llegan los exámenes. Se sienten agobiados, sometidos a una presión muy diferente a cualquier época durante el desarrollo de la actividad normal del curso. Entre los principales síntomas del agobio, podemos destacar: nerviosismo, estrés y ansiedad, dormir menos y peor de lo habitual, los conflictos y tensiones que aparecen con frecuencia en las relaciones interpersonales, dificultad para concentrarse o para respetar el orden de prioridades del proyecto personal de vida, etc.

Algunos alumnos me han pedido que redactara esta entrada del blog, para compartir experiencias y ayudarnos entre todos a encontrar algunos remedios para superar esos agobios. Me parece que vale la pena leerla hasta el final y también los documentos a los que hacen referencia los enlaces. Espero no haberme olvidado de ninguna de las sugerencias que he recibido para incluir en esta entrada.

El agobio es una situación que puede presentarse con cierta frecuencia en la vida, normalmente cuando se acumulan actividades o problemas a los que no se pueden hacer frente de una manera completa y obtener los resultados que deseamos. Por ejemplo, en determinadas épocas en el trabajo profesional o cuando aparecen circunstancias extraordinarias en nuestra vida. En situaciones de agobio, resulta difícil mantener la serenidad, admitir que las personas no somos multitareas, establecer un orden de prioridades, tratar que lo urgente no nos impida hacer frente a lo importante, etc.

El agobio puede ser provocado por uno mismo o por otras personas. Si buscamos en el diccionario de la Real Academia, nos encontramos que el término agobio significa acción o efecto de agobiar. Es decir, es el resultado de agobiar (del latín gibbus, giba) o imponer a alguien una actividad o esfuerzo excesivos, preocupar gravemente, causar gran sufrimiento. Cuando nos encontramos en una situación de agobio, merece la pena pararse a pensar, reflexionar sobre qué nos pasa y por qué, para aprender a superar estas circunstancias que tanto nos hacen sufrir. Los alumnos que se agobian tienen una ocasión, que enfocada de modo positivo, puede servir para descubrir las actitudes y capacidades necesarias que han de desarrollar y fortalecer a lo largo de la vida. El nivel de agobio y de sus efectos depende de muchos factores. Sin embargo, parece que los más importantes son el tipo de personalidad, actitudes y capacidades de la persona que sufre el agobio y del proyecto personal de vida y profesional de futuro, que determinan los principios y valores, que orientan las decisiones y facilitan las motivaciones de las actividades que se realizan.

La experiencia personal, de amigos y de los alumnos a los que he tratado de ayudar durante mi actividad como profesor universitario, me sugieren algunos consejos para superar las situaciones de agobio:

1) Tener bien definido el proyecto personal de vida y profesional de futuro. Conocer los principios y valores que orientan nuestra vida.
2) Pararse a pensar, reflexionar sobre qué nos pasa y por qué. Aprovechar para conocerse mejor, determinar las causas y los posibles remedios.
3) Conocer las características de nuestra personalidad y concretar objetivos asequibles de mejora.
4) Aceptar con humildad nuestras limitaciones y actuar de modo coherente. En ocasiones hemos de vivir contracorriente.
5) Evitar compararse con otras personas. Cada persona es única e irrepetible, tiene sus virtudes y defectos, etc. Estas comparaciones, pueden dar lugar a plantearse la gestión de la envidia.
6) Concretar la lucha personal en objetivos asequibles, con realismo y de manera positiva. No dejarse arrastrar por la espiral de la queja.
7) Aprender a aceptar resultados que no deseamos. El fracaso no existe.
8) Pedir consejo a otras personas. Preferiblemente a quienes nos conocen mejor o nos quieren. A veces será conveniente acudir al médico.
9) Establecer un plan de vida. Organizar el día de acuerdo con un horario en el que se distribuyan las diferentes actividades. Por ejemplo, concretar el tiempo que dedicaremos al estudio o trabajo, al descanso, las horas de sueño, las relaciones con la familia, amigos, etc.
10) Tener muy claro que descansar no significa no hacer nada, sino cambiar de actividad que requiere menos esfuerzo. Por ejemplo, leer una novela, escuchar nuestra música favorita, pasear o hacer deporte, etc.

Además, es importante no hacer caso de los rumores de los compañeros y de los prejuicios sobre los profesores, las características de los exámenes y criterios de evaluación.

En los comentarios, puedes añadir tus experiencias personales para superar los agobios o comentar lo que te ha sugerido la lectura de esta entrada.

Actualización: “El eterno miedo a suspender” (El País)