El relativismo y el valor de la verdad

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Debido a la crisis de valores y a la falta de coherencia, hay muchas personas que no tienen claro el sentido de su vida y, por tanto, no arriesgan nada por sus ideas, no luchan por ellas porque no las tienen claras o las cambian con frecuencia. Es una manifestación más del subjetivismo o el relativismo, que impide que no se sepa distinguir la verdad de la mentira, el bien del mal.

Cuando se conoce el sentido de la vida, hay que ser coherentes y tener el coraje de manifestarse y vivir de acuerdo con nuestros principios y creencias, sin miedo a arriesgarse por las consecuencias que eso pueda tener. Como dice Platón: “Si un hombre no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre.”. Tenemos derecho a la libertad de expresión y a vivir de acuerdo con nuestras convicciones

Si vivimos de espalda a la verdad, se acaba en la justificación. “Si no vives como piensas, acabas pensando como vives”. La verdad es la realidad de la naturaleza, que no depende de la mayoría, ni está en el común denominador de las diferentes opiniones. El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no hace que esos errores sean verdades.

El relativismo no es tanto un sistema filosófico, sino un estilo de pensar en el que se evita hablar en términos de verdadero o falso, pues no se reconoce una instancia de validez objetiva acerca de juicios que se refieran a realidades que trasciendan lo que cada uno puede ver y tocar: Dios, el alma, incluso la más íntima meta del amor. Hoy día, es una postura ante la vida, que toma cuerpo de oficio en la cultura, impregnando las relaciones sociales entre los hombres

Esta actitud, además, comporta un modo de vivir o decidir que manifiesta una perplejidad de fondo ante la realidad: como no puedo conocer nada de forma definitiva, tampoco puedo tomar decisiones que entrañen una entrega indiscutible y para siempre. Todo puede cambiar, todo es provisional.

La verdad es amable de por sí y, sin embargo, a veces la podemos defender de manera un tanto antipática. Es cierto que algunas verdades incomodan a quienes las escuchan, y que una vida coherente no es un camino fácil para nadie; pero esto no quita que la verdad tenga de por sí una fuerza de atracción que hemos de procurar no esconder.

Para mostrar el esplendor de la verdad conviene, en primer lugar, hacer el esfuerzo de buscarla, conocerla y contemplarla, también con el estudio y con la formación. Si se ama realmente la verdad es más fácil expresarla con don de lenguas, y hacerla visible con la vida.

Este artículo se publicó Woman Essentia y en el Diario de Almería 

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