Desde que dejé de ser profesor me he reinventado. Es decir, he cambiado de actitud y de actividad profesional para adaptarme a los cambios de mi situación personal y de mi entorno. Ahora soy Asesor profesional y personal y practico el Mentoring. Como este anglicismo no se suele entender, siempre explico que se trata de una relación de ayuda entre dos profesionales, donde uno con más experiencia ayuda a otro a desarrollarse profesional y personalmente.

Esta actividad no es nueva para mí. Durante toda mi vida como profesor universitario, he estado ayudando a mis alumnos a concretar y desarrollar un proyecto profesional. Como es lógico un proyecto profesional tiene que ser coherente con el proyecto de vida, ya que cuando surgen incompatibilidades la persona sufre y puede deteriorar su estado de salud y las relaciones personales, familiares, etc.

Diseñar un proyecto profesional no es fácil. Supone responder a muchas preguntas. Por ejemplo, se requiere conocimiento propio y ser consciente de qué se quiere hacer con la vida. Saber contestar a esta pregunta no es frecuente. Por eso, hay que empezar por descubrir las ilusiones personales y profesionales. El proyecto profesional debe ponerse por escrito con objetivos a corto y largo plazo. Es un documento vivo que se actualiza a lo largo de la vida con la información y experiencia que se van consiguiendo.

Para cumplir esos objetivos que nos ilusionan y nos hacen felices, hay que concretar un plan de acción donde se incluye la mejora personal y profesional necesarias para lograr los objetivos. Por tanto, hay que revisar la formación recibida y las posibilidades de mejorarla. Realizar el proyecto implica encontrar trabajo y preparar todo lo necesario para ello, mejorar el curriculum, aprender a hacer entrevistas de selección, negociar con la empresa que le va a contratar, etc.

La experiencia y mis relaciones con empresarios me dicen que lo importante es la persona y no su curriculum. Cuesta convencer de que los títulos no son la solución para encontrar trabajo y tener una vida lograda. Las empresas desean contratar a buena personas, honradas, trabajadoras, con espíritu de iniciativa y de servicio, creativas, con capacidad para trabajar en equipo, etc. Suelo resumirlo en una frase que repito en mis conversaciones con la personas a las que trato de ayudar: “No hay carreras con salidas, sino personas con salidas”.