Hace unos días he asistido a la presentación de la Cátedra de Emprendimiento y Empleabilidad ‘José Luis García Palacios’ resultado de una colaboración entre la Universidad CEU Fernando III y la Fundación Caja Rural del Sur. Se trata de una iniciativa que nace con el objetivo de fortalecer la formación, la innovación y la generación de oportunidades en el entorno agrario.
En su intervención en el acto, el rector de la Universidad CEU Fernando III, José Alberto Parejo, destacó que la Cátedra promoverá programas orientados a potenciar la educación, la empleabilidad y la iniciativa empresarial, así como el desarrollo de la investigación y la innovación en ámbitos vinculados a los estudios agrarios, la digitalización o la inteligencia artificial.
El conocimiento como palanca de desarrollo
Durante el acto también se presentó el libro Emprender e Innovar en el mundo rural (Ed. Lid) del ingeniero agrónomo Miguel Ángel Molinero, una obra que recoge la experiencia acumulada tras acompañar a más de 500 emprendedores a lo largo de su trayectoria profesional.
El autor incidió en la importancia de abordar los proyectos con realismo y bases sólidas, especialmente en el ámbito agrario, donde las dificultades estructurales pueden derivar en iniciativas fallidas si no se planifican adecuadamente. En este sentido, subrayó la necesidad de trabajar con rigor el modelo de negocio, elegir correctamente a los aliados y ejercer un liderazgo capaz de gestionar equipos en contextos de incertidumbre.
En el primer capítulo dedicado a la motivación emprendedora, Molinero analiza la necesidad de la formación de los emprendedores, que por su experiencia insiste en la importancia de los conocimientos y de las competencia y habilidades imprescindibles. Sin embargo, admite que en raras ocasiones se proporciona la formación necesaria para la gestión de los aspectos personales relacionados con el proceso de emprender.
A modo de resumen y porque lo comparto plenamente, añado a continuación la opinión de Jaime Nubiola filósofo y profesor en la Universidad de Navarra
Para Jaime Nubiola, la formación de un emprendedor va mucho más allá de adquirir habilidades técnicas o financieras; se centra en el cultivo de una actitud vital y una profunda formación humanística.
- Aprender a pensar por cuenta propia: El emprendedor debe ser capaz de cuestionar lo establecido. Es importante tener en cuenta que la lectura y la escritura personal (como en un diario o blog) son herramientas esenciales para clarificar ideas y desarrollar un criterio sólido.
- La libertad como responsabilidad: No se trata de «hacer lo que uno quiera», sino de tener la capacidad de elegir proyectos que aporten valor real a la sociedad. La formación personal debe orientarse al servicio y al compromiso.
- Curiosidad y apertura mental: Un emprendedor bien formado es aquel que está en constante aprendizaje, escucha a los demás y tiene la humildad de rectificar.
- El arte de vivir (y convivir): La formación no es solo para el éxito profesional, sino para la excelencia humana. Esto incluye el cultivo de virtudes como la paciencia, la resiliencia y, sobre todo, la capacidad de trabajar en equipo con entusiasmo.
- Habilidades de comunicación: Para Nubiola, quien no sabe expresarse bien, no sabe pensar bien. El emprendedor debe formarse en la palabra para poder transmitir su visión con claridad y honestidad.
En resumen, la formación personal debe buscar personas «sabias y buenas», no solo técnicas competentes.
Resumen del artículo publicado en El Debate y en Exaudi

