Comunicar no es algo que haya que hacer cuando ya hemos hecho el resto de cosas. De forma habitual en un Ayuntamiento se piensa y se actúa en el ámbito de la gestión. Luego, ya al final del proceso, se decide, en el mejor de los casos, cómo comunicarlo.
La perspectiva correcta debe incluir a la comunicación en el mismo nivel de la gestión. Se gestiona cuando se comunica y se comunica al gestionar. Es más, no podemos gestionar sin realizar un acto comunicativo.
La comunicación no es el punto final en un proceso de toma de decisiones sino que debe estar en el inicio de este proceso. Cuando un Alcalde o un delegado municipal han de considerar la puesta en marcha de un proyecto, en ese mismo momento, debe entrar ya en juego la comunicación del mismo.
Teniendo este concepto claro se podrán evitar la mayor parte de los errores de gestión que luego suelen ser considerados con aquello de que “no hemos comunicado bien”. Porque la comunicación es también parte de la gestión y como tal ha de ser considerada en cualquier proyecto o proceso de toma de decisiones.
El gabinete de comunicación debe tener la capacidad de intervenir en todas las delegaciones municipales sin pertenecer a ninguna de ellas. Debe ser independiente de ellas y tener criterio propio a la hora de expresar su parecer.
También debería tener capacidad de veto: cuando desde comunicación se argumente la no conveniencia de desarrollar un proyecto o de ejecutar una decisión, así debería hacerse. Debe ser escuchado, a diario, por la Alcaldía y ser tenido en cuenta en sus opiniones que, por otro lado, deberán ser claras, razonadas y estar amparadas por datos y hechos.
El gabinete de comunicación ha tener la facultad de influir en toda la institución pero, al mismo tiempo, debe ser consciente de no poseer la verdad absoluta. Es un error habitual la toma de decisiones en función de una posible presión mediática. En este sentido, hay que evaluar de forma correcta los riesgos y, sobre todo, favorecer la puesta en marcha de las acciones de comunicación necesarias.
Así es que podemos decir, sin lugar a equivocarnos, que el gabinete de comunicación de un Ayuntamiento debe estar situado junto al máximo nivel de decisión y por encima de las delegaciones municipales pero ha de estar al servicio de todas ellas y, por supuesto, de la Alcaldía.
Es un departamento especial porque debe participar en la toma de decisiones e influir en ella pero, al mismo tiempo, es siempre coadyuvante en la gestión y el gobierno municipal. Debe ser escuchado, debe proponer y abrir horizontes, debe dar perspectiva y, en su misma labor, ha de estar siempre detrás, en un segundo plano, sin llevarse ningún foco e incluso siendo obviado por todos. Una cualidad básica del gabinete de comunicación es que siempre trabaja para los demás, nunca para sí mismo.
En aquellos municipios en los que, por su tamaño o sus características, no se pueda disponer como tal de un gabinete de comunicación estas labores deberán ser asumidas directamente por la Alcaldía o por un teniente de Alcalde nombrado al efecto.
Aún la localidad más pequeña, aún aquella que piense que nada puede hacer en materia de comunicación, tiene siempre una potencialidad única que le puede permitir, por medio de una correcta estrategia, lograr importantes objetivos.
Comunicación para crear comunidad

