Una música extraña
irrumpe sobre un primer plano de flores vistosas. Esa música, poderosa e
inquietante, anticipa una tragedia que en seguida vamos a ver: un árbol
gigantesco ha caído sobre la calzada
e interrumpe el tráfico de una
populosa ciudad de la India. Se amontonan coches y carros, sin poder pasar. Muy
pronto se desatan los nervios y surgen las primeras disputas. Los más
pacíficos se limitan a dormir o a esperar
, resignados a malgastar allí el día
entero. Nadie puede hacer nada.
De repente, un niño
baja del autobús escolar con su cartera a la espalda. Está diluviando a mares y
el suelo está completamente embarrado, pero él no ve la lluvia, ni el barro,
ni el inmenso tamaño del árbol. Sólo ve que interrumpe el paso del autobús en
que viajan los niños, y que si no lo aparta, no podrán recibir sus clases
.
Así que deja su mochila en el suelo, y empapado como está, empuja con sus
manitas sobre la corteza del árbol.
Todos los adultos
observan asombrados, resguardados en sus casas o en sus coches. Son gentes de
muy diversas culturas, razas y edades, pero todos coinciden en una cosa: no
van a mover un músculo por una tarea que no les incumbe
y que, además, es
imposible. Algunos miran con curiosidad, otros con ironía o desdén, pero nadie
le dice siquiera que lo deje. Y siguen mirando….Sigue
leyendo

Este vídeo, refleja muy bien que es importante analizar los contenidos de un mensaje y descubrir los valores que nos trasmiten especialmente, como se indica en Publicidad y cine con valores, teniendo en cuenta que:

“Las películas son mucho más que entretenimiento: sirven para reforzar o
socavar los valores de una sociedad. Como cineastas, tenemos una gran
responsabilidad porque dejamos una impronta de imágenes y pensamientos
que duran toda una vida” (David Puttnam, productor de La Misión y Carros de fuego).

“Si
bien es cierto la publicidad refleja nuestros valores, lo hace siempre
según criterios estratégicos. Esto plantea una importante cuestión: ¿qué
valores son impulsados en la publicidad, y cuáles son deliberadamente
relegados?” (Richard Pollay, autor de Advertising: The Distorted Mirror).