“La moda del silencio”

En los últimos años, la palabra espiritualidad se ha convertido en tendencia. Basta abrir Instagram o visitar una librería para encontrarnos con una avalancha de libros de autoayuda, cursos de crecimiento personal y retiros de fin de semana. Autores como Eckhart Tolle, Robin Sharma o Louise Hay ocupan portadas y listas de ventas, invitándonos a “vivir el presente”, “escuchar nuestro interior” y “encontrar la paz”. La práctica del yoga, la meditación guiada o el mindfulness han dejado de ser minoritarias para convertirse en parte del día a día de miles de personas.

En este contexto, se habla con entusiasmo de los beneficios del silencio, de la necesidad de desconexión digital y de la importancia de cultivar la gratitud. Pero, aunque todo esto se presenta como novedoso, lo cierto es que forma parte del patrimonio espiritual del cristianismo desde hace siglos. Y, si afinamos la mirada, veremos que han sido muchas las mujeres quienes lo han encarnado con fuerza transformadora.

El silencio interior, que hoy se busca en aplicaciones móviles o en retiros de meditación, fue camino y refugio para figuras como Santa Teresa de Jesús, que enseñaba a recogerse en “el castillo interior” para encontrarse con Dios. La atención plena, tan presente en el mindfulness, recuerda a la lectio divina, esa lectura orante de la Palabra que tantas mujeres han practicado en conventos y hogares, cultivando una paz que luego transmitían a su entorno.

Incluso la búsqueda de armonía entre cuerpo y espíritu, que hoy se promueve en clases de yoga, encuentra su eco en el cristianismo a través de prácticas como la oración corporal de las monjas trapenses, la sobriedad de vida o el ayuno voluntario, no como fin en sí mismo, sino como apertura a la gracia.

La espiritualidad femenina tiene un rasgo inconfundible: su capacidad de transformar la vida cotidiana en un espacio de encuentro con lo trascendente. Mujeres como Edith Stein, Chiara Lubich o la Madre Teresa de Calcuta vivieron esa unidad entre contemplación y acción, alimentando su fortaleza en la oración silenciosa para luego volcarla en servicio a los demás.

Quizá lo que hoy muchos buscan fuera, ya está en casa. No se trata de descartar lo que otras tradiciones aportan, sino de reconocer que, en el corazón del cristianismo, la espiritualidad no es moda pasajera, sino fuente viva. Y que, en esa fuente, la mujer ha bebido, custodiado y transmitido, dejando un legado que, todavía hoy, puede inspirarnos a vivir con hondura, sentido y alegría.

FORO MUJER SOCIEDAD

María Vallejo

Comunicacion@foromujersociedad.com

Publicado en El Confidencial Digital

Ver en este blog: El valor del silencio

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