El objetivo principal del desarrollo personal es lograr ser seres más lúcidos, despiertos y conscientes de nuestras propias emociones, pensamientos, acciones y poder así, impulsar el potencial intrínseco que ya reside en nosotros mismo y que es único e irremplazable en cada persona.

Por eso, creo que es necesario y de suma importancia, que a la vez que vamos avanzando en este trayecto, hagamos altos en el camino. De esta forma, nos permitimos tener un espacio donde poder reflexionar sobre nuestro estado actual y, darnos cuenta de la persona que somos ahora gracias a todos los esfuerzos que pusimos en su día.

Si no nos detenemos, podemos caer en la trampa de creer que seguimos siendo la misma persona que éramos antes —lo cual déjenme decir es imposible— y, por tanto, no darnos cuenta de nuestros logros y expansión. Todos nos merecemos reconocer nuestros éxitos, darnos una palmadita en la espalda y decirnos “¡lo estás haciendo genial!, ¡continúa valiente!”. Meditar sobre el recorrido avanzado es lo que nos da el aliento e impulso necesario para seguir y perseverar.

También, hacer estas pausas, nos puede ayudar a recalibrar si el trabajo que hemos venido realizando está dando los frutos deseados o, si por el contrario, debemos tomar otra dirección en este proceso. Por ejemplo, una persona inicia esta aventura porque se da cuenta de que tiene una baja autoestima, eso condiciona la forma en la que se relaciona con la gente y afecta su calidad de vida. Él o ella, pone todos sus ánimos en trabajar sus inseguridades, llevar a la luz sus sombras, desprogramar creencias limitantes… Y continúa de esta forma por años, haciendo y haciendo sin frenar ni un momento. Quizá, este comportamiento casi impulsivo, sea simple evitación, porque en el fondo sigue existiendo la creencia de su falta de valor. Necesita constantemente avanzar, progresar, pulirse, con la intención de llegar a una inexistente perfección, porque entonces, y solo entonces, será merecedor o merecedora de su propio reconocimiento y valor.

Si esta persona se permite parar y reflexionar de forma sincera, podrá darse cuenta, que tal vez, el siguiente paso a dar debería estar encaminado en trabajar su propio valor personal. En cambio, no darse este espacio, podría incluso mermar su esperanza, al ver que, tras todos los esfuerzos realizados, su vida sigue sin avanzar de la forma anhelada.

En caso de que te apetezca hacer un alto en tu camino, pero no sepas por dónde empezar, te ofrezco unas preguntas para que hoy mismo pongas el freno de mano.

Te invito a pensar en todos los obstáculos superados, cómo lo lograste, lo que aprendiste en el proceso y, sobre todo, lo que has cambiado y de cómo tu vida también lo ha hecho gracias a ello.

1) ¿Qué crees que es lo más difícil por lo que has pasado en la vida?

2) ¿Qué problemas has resuelto en tu vida?

3) ¿Qué es lo más doloroso por lo que has pasado?

4) ¿Qué crees que te hace diferente a cualquier otra persona del planeta?

5) ¿Cuál es el principal motivo por el que la gente te suele pedir ayuda?

6) ¿Qué aprendiste a través de todo esto? Haz una lista de todas las cosas aprendidas.

¿Os imagináis a una mariposa, que, tras su ardua tarea de metamorfosis, no se da ni cuenta de en la maravillosa criatura en la que se ha transformado? Tú, sin embargo, tienes la capacidad de contemplar, de entender, de apreciar la fascinante persona en la que te has convertido. Lo tuyo te ha costado a ti también, ¿no?, así que, ¡empieza a reconocerlo!

Si tienes alguna duda o quieres compartir conmigo algunas de las reflexiones a las que has llegado a través de esta lectura o preguntas, ¡me encantará leerte en comentarios!

Delia Orella López

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