La caída de la natalidad, las políticas de conciliación y el apoyo a la maternidad y a los jóvenes se han convertido en una gran preocupación de las sociedades modernas. En este episodio de Aceprensa a fondo (ver video) profundizamos en el creciente interés por las políticas favorables a una cultura que tenga a la familia en el centro.

La pandemia ha cambiado la manera en que las sociedades priorizan la vida personal y la profesional, y el delicado equilibrio que hay que mantener entre ambas. El COVID-19 vino a poner el foco, entre otras cosas, en una realidad ya difícil de negar: lo complicado que es trabajar y atender a los familiares dependientes a la vez.

Quizá esa es una de las razones por las que las tasas de natalidad son cada vez más bajas, pero, sobre todo, por la que la brecha entre el número de hijos que se desean y los que de verdad se tienen es cada vez mayor.

Esto se produce en una sociedad en la que la precariedad de los jóvenes es notable, en la que la maternidad puede penalizar el desarrollo profesional de las mujeres y en la que los cuidados no siempre son valorados.

Ese es un diagnóstico que comparten todos los expertos consultados para esta edición de Aceprensa a fondo: Patricia Debeljuh, directora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE Business School; Raúl Sánchez Flores, director de la Asociación de Familias Numerosas de Cataluña y secretario general de la Confederación Europea de Familias Numerosas; María José Olesti, directora general de The Family Watch; y Carmen Fernández de la Cigoña, directora del Instituto CEU de la Familia.

¿Cuál es la solución? Ahí ya es más difícil ponerse de acuerdo o alcanzar el consenso en una única fórmula que pueda funcionar para todo. La conclusión, en definitiva, es que unas pocas medidas aisladas poco pueden hacer, pero una apuesta fuerte y decidida por proteger a la familia sería beneficiosa para toda la sociedad.

Patricia Debeljuh reivindica la capacidad y la responsabilidad de las empresas para adelantarse a las políticas públicas y facilitar la conciliación de sus empleados y velar por que puedan atender a sus familiares.

Por su parte, Raúl Sánchez Flores aboga por crear una cultura profamilia y no centrarse solo en medidas económicas, sino también en aquellas que sirvan para revalorizar el papel de los cuidados. Además, el experto advierte que ninguna medida que quiera apoyar la familia puede desatender la situación de los jóvenes.María José Olesti hace la misma observación respecto a las mujeres y señala que son las que se ven más perjudicadas, porque la mejor etapa para formar una familia es también la etapa en la que uno se desarrolla profesionalmente. Si el mercado laboral actual no deja espacio para las mujeres que quieren ser madres y la cultura no fomenta que los hombres se hagan cargo también de los cuidados, difícilmente habrá más familias.

No solo la natalidad y la conciliación deben ser el centro de las políticas familiares. Carmen Fernández de la Cigoña recuerda también la importancia de atender a las familias numerosas, a las madres solteras y a los padres de acogida, y pide la creación de entornos favorables para las familias en los que se pueda debatir sobre sus necesidades.

En definitiva, una sociedad que pone trabas a formar una familia –la institución más valorada por toda la población– no está respondiendo a las necesidades reales de lo que quieren sus ciudadanos. Sin embargo, apostando por las familias, toda la sociedad sale ganando.

Ana Zarzalejos Vicens
@ana_zarzalejos