¿Fallo de la universidad, del instituto o de la escuela, de la sociedad, de la familia? No quiero repartir culpas, en las que también yo estoy implicado. En todo caso, los alumnos que ahora llegan al parvulario son individualistas (a pesar de las redes sociales), emotivistas (se dejan llevar por las emociones más que por la razón), hedonistas (si la clase no es un juego, no hay quien los aguante), buscan protección (algo que los padres prodigan ahora, sobre todo frente a la escuela) y compensaciones inmediatas (eso de estudiar para el día de mañana, aunque sea al final del trimestre, no está en su radar mental). Y lo peor del caso es que, después de un 30% de fracaso escolar, al salir de la universidad, muchos de ellos siguen con esas mismas características. No me extraña, pues, que las empresas se desesperen por la falta de calidad profesional, y a veces también humana, de los que aspiran a trabajar en ellas. Pero… con esos bueyes hemos de arar, como dice el refrán castellano. ¿Qué piden las empresas al sistema educativo? No suelen pedir más conocimientos, salvo quizá en algunas carreras especializadas; en todo caso, todas desean mejor formación en idiomas. Quizá se conforman con lo que hay, pero les gustaría que los empleados potenciales viniesen con conocimientos más prácticos, que es una manera de decir que lo que falta son las capacidades necesarias en el puesto de trabajo, a las que ya me he referido antes: capacidad de pensar con iniciativa y relacionando cosas (hay demasiados compartimentos estancos en la universidad), de trabajar en equipo, de disciplina y autoexigencia (demasiado énfasis en los incentivos externos: ¿qué me das a cambio de un poco más de esfuerzo?)…
Por otro lado, cuando los candidatos a los escasos puestos de trabajo disponibles llegan a las empresas, están más interesados en preguntar a qué hora es la salida que cuáles son sus oportunidades de formación y carrera. Quizá los docentes no ayudan mucho a la hora de prepararles para lo que se van a encontrar, porque no conocen el mundo de la empresa más allá de algunos clichés ideológicos que, eso sí, han inculcado muy bien a sus alumnos. O quizá las empresas no ayudan tampoco a ese encaje, porque están más preocupadas por sus relaciones con los sindicatos que por la formación de una plantilla eficiente y dedicada, a la que han de tratar con generosidad si quieren ganar su lealtad.
Aunque ya hemos tratado en este blog sobre la naturaleza y objetivos de la formación universitaria, me parece de gran interés reflexionar una vez más sobre este tema, que tanto nos puede ayudar a aprovechar mejor el tiempo que nos quede como universitario (tanto como alumno, como profesor). Te sugiero a continuación, sin ser exhaustivo, algunas preguntas para contestar en los comentarios de esta entrada. ¡Cómo me gustaría que te hicieras otras preguntas diferentes!¿Puedes dedicar algún comentario a plantear preguntas sobre este tema, desde tu experiencia personal y contestarla? ¿Qué formación personal y profesional te ha proporcionado la universidad? ¿La universidad es maestra de la vida? ¿Qué formación personal y profesional de los universitarios necesita las empresas y la sociedad? ¿Qué formación es la mejor, en tu opinión y porqué, la de la universidad o la que se adquiere a lo largo de la vida personal y profesional? Para el desarrollo personal y profesional, ¿hasta qué punto es necesario ser universitario? Sin olvidar la situación actual de la universidad (calidad formativa, selección de alumnos y profesores, contenidos de la asignaturas, metodologías y evaluación docente, etc., ¿cómo podrías mejorar con sentido realista tu formación personal y profesional?.
Antes de contestar a las preguntas, te aconsejo leer despacio «La juventud en España: ¿sal y pimienta?, en donde se analiza la situación laboral de la juventud en España y sus valores.

