Durante estos días de la pandemia, todos nos hemos hecho muchas preguntas. A veces no hemos sabido responder a algunas. Algunos de mis amigos se han planteado que ¿Qué sentido tiene mi vida?. Hemos sentido miedo y ansiedad por el peligro de la infección y al comprobar tantas muertes, a veces de nuestro entorno. Es frecuente que conozcamos de cerca el sufrimiento. Personalmente he sufrido con la muerte de varios amigos y con la enfermedad de otros. Sin embargo, mi sentido de la vida lo tengo claro y a todo ese sufrimiento le he dado un sentido consecuencia de mi fe.

La cultura actual parece enseñar a cada hombre a instalarse en su centro y hacer girar a su alrededor el resto de las realidades; a partir de su centralidad, cada uno establece el orden, decide los intereses y admite los sentidos de acuerdo a su modo de ver. ¿Qué ocurre entonces? Que parece que el sentido de la vida depende absolutamente de uno mismo: mi vida tiene el sentido que yo decida que tenga. Pero claro, si yo soy quien me finalizo a mí mismo, yo nunca podré ir más allá de mí mismo. En principio puede parecer que una autonomía de este tipo es ideal para ser feliz, pues sólo dependo de mí mismo, pero la realidad es que eso, de hecho, no funciona: nadie encuentra la felicidad en una vida así.

¿Qué significa vivir con sentido?

Hago deporte porque me gusta. Estudio porque quiero hacer una carrera. Ordeno la casa porque quiero que estén a gusto los demás. Cada cosa la hago por algo. Pero el hombre tiene la capacidad de trascender sus actos: necesitamos saber porqué hacemos todo lo que hacemos, qué quiero en la vida, qué motivo tengo para sufrir. Pues bien: encontrar ese porqué completo a la vida, que es como el telón de fondo, la razón de ser, eso es vivir con un sentido.

¿Qué consecuencias tiene no encontrar ese sentido?

La angustia y el vacío, propias del sinsentido. Esa terrible sensación de estar de sobra, de no servir para nada, de no interesar a nadie, de ser una carga.

Ahora bien, estos sentimientos sólo afloran en determinados momentos. La mayor parte de las veces el hombre puede ir tirando con sentidos parciales, con sentidos caducos. Cuando llega la fecha de vencimiento de uno de esos sentidos se sufre el desengaño lógico. Pero la fuerza de la vida es tremenda, y en seguida nos levantamos y buscamos otro sentido parcial en el que volvemos a confiar plenamente… porque necesitamos algo a lo que agarrarnos. ¿Qué pasa? Que a medida que van pasando los años, y que vamos gastando la vida… cada vez somos más escépticos con esos sentidos parciales: cuesta más agarrarse a ellos. Entonces se cae en el incómodo sinsentido.

A continuación puedes ver y reflexionar sobre un vídeo de una entrevista a Victor Küppers: Se titula “Vivir con alegría”. Dura 30 minutos. ¡Vale pena verlo! Te encantará.

En este blog, puede ayudarte a pensar leer:”Sentido de la vida y desarrollo profesional