Tú, si quieres, puedes cambiar el mundo. Esto es la conclusión a la que llego al terminar de leer un reportaje analizando un proyecto de Yoigo que publicó el Pais. Su lectura me ha resultado apasionante y conforme leia, se me ocurría otros proyectos similiares. En dicho proyecto se encuentran historias que conmueven. Te dan ganas de aplaudir, de gritar para que todo el que quiera, se entere de una vez de la capacidad de la persona de ayudar a otras a mejorar como personas y vivir dignamente, haciendo que otros sean más felices. La persona es un mar sin orilla. Nunca acabamos de concerla. Siempre descubrimos dimensiones nuevas de su actuar, de su vivir y de su capacidad para servir, para ayudar y ser útiles a los demás. Te das cuenta de que el espíritu de servicio es innato en la persona y que en la medida que se practica, se incorpora a tu modo de vivir o de pensar, eres más feliz porque estás siendo más coherente con tu propia naturaleza.

Con esta breve introducción quiero presentarte este apasionate proyecto. Para eso, utilizaré el reportaje de El Pais. antes citado. Te copio algunos párrafos que me parecen más significativos.

La pandemia ha descubierto a muchos el bien común

Se han roto mil ventanas que creíamos blindadas y nos ha puesto en situación de alerta roja en un periodo cortísimo de tiempo. Sin embargo, en esa primera activación de nuestros mecanismos de defensa y empatía, la mirada siempre la hemos enfocado hacia los demás, potenciando el sentimiento de pertenencia a una misma extensa familia. Todos nos hemos descubierto alguna vez empatizando con el vecino desconocido de la fachada de enfrente, adoptando abuelos que no tienen nietos o mandando abrazos a pacientes anónimos en los hospitales.

Ni aun cuando la fatiga pandémica desactivó esa sinergia colectiva inicial, ni cuando nos empezamos a hartar del “saldremos mejores”, asaltamos la pastelería: simplemente, aprendimos a cambiar el horizonte de nuestros propósitos para ser más eficientes, para protegernos de la incertidumbre y pensar más lejos. Gracias a eso ahora somos más fuertes para luchar por una sanidad más justa, creemos más en la ciencia y tenemos más conciencia sobre las desigualdades. Hemos aprendido y reforzado que, aunque algunos hagan más ruido rompiendo cristales, hay más gente pensando en proteger el bien común.

‘Actúer’: dícese del que piensa y actúa en favor de los demás

En Pienso, Luego Actúo llevamos dos años rastreando ese gen altruista, recopilando todo tipo de historias de personas empeñadas en arreglar fisuras, suturar desigualdades o en actuar para cambiar el mundo, y nos hemos dado cuenta de que no es una cuestión de elegidos o de superhéroes, no es una tarea de otros”… Víctor era criminólogo y pensó que las pajitas contaminaban demasiado y tuvo la genial idea de hacerlas comestibles: ¿por qué no? Lorena y Roser eran dos modistas que se hartaron de la fast fashion y se tiraron a la carretera con una caravana para ir arreglando prendas por los pueblos. David y Víctor eran estudiantes de Informática cuando decidieron elaborar un mapa con todos los puntos donde se pueden encontrar cajas de comida para quien la necesite. En ninguno de ellos hay patrones inalcanzables. Todos podemos ser Víctor, David o Lorena. Todos podemos ser actúers.

“Un actúer es una persona que tiene la suerte y el privilegio de tener determinación por un proyecto que ayuda a conservar nuestro escenario vital, nuestro planeta. O bien ayuda a los principales actuantes de este escenario, es decir, a la humanidad”, nos cuenta Jordi Sargatal, ornitólogo que lleva 40 años protegiendo los Aiguamolls de L’Empordà (en Girona), uno de los humedales más importantes de España.

Un actúer es también alguien que ha encontrado un propósito social: “No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas como la consciencia de tener una tarea en la vida”. La cita del psiquiatra Viktor Frankl la utiliza Mafalda Soto para hablarnos de lo importante de esa determinación para que tu propósito sobreviva a una crisis como la vivida. Mafalda es farmacéutica y ha dedicado los últimos 10 años a ayudar a las comunidades africanas con albinismo. Lleva más de un año sin poder viajar, pero sigue recaudando fondos y entregando el alma por ellos.

No hace falta fundar una ONG o convertirse en emprendedor social para ser actúer. Ese rodearse de los de tu tribu, de los resilientes, es suficiente para empezar a contagiarte. En Pienso, Luego Actúo puedes encontrar un ecosistema muy diverso de proyectos sociales para que cada uno de nosotros pueda colaborar, inspirarse o incluso proponer o compartir sus propias ideas. Centenares de iniciativas, organizadas por temáticas, geolocalizadas y con toda la información necesaria para ayudar según tu disponibilidad: donaciones, voluntariado, comprando productos, haciéndote socia o difundiendo en tus propias redes.

Primero escuchar y acompañar, luego actuar

La clave para sentirse protagonistas del cambio está en los pequeños detalles y ahí todos somos potenciales actúers: “Solamente cambiando los pequeños gestos de la vida de los individuos vamos a conseguir transformar lo social”, nos cuenta Ana Cristina Herreros. “Pero el primer movimiento antes de actuar debe ser siempre la escucha”, prosigue. Ana Cristina es una cuentista profesional que rescata la tradición oral de comunidades africanas para editar preciosos libros de cuentos aquí y poder reinvertir en proyectos sociales allá. Su pasión y habilidad es escuchar y acompañar para conservar la memoria de los que no tienen voz.

Como Pepe Olmedo, que acompaña a los que sí tienen voz pero ya han perdido la memoria. Pepe acaricia sus manos y, a través de la música, trabaja la nostalgia y recupera la sonrisa de los enfermos de alzhéimer. “Le debemos tanto a la música y al arte, que necesitamos poner en valor sus virtudes y posibilidades. Pero, sobre todo, a quienes más les debemos es a nuestros mayores, y a tantas personas con enfermedades tan complicadas”, nos cuenta. Cada vez que Pepe atiende a uno de sus mayores y ves la conexión que se produce entre ellos, descubres por qué todos sus sacrificios han merecido la pena.

Nos pasamos media vida buscando respuestas fáciles a preguntas trascendentes, fabricando excusas convincentes para acunar el espíritu y vivir más tranquilos. Intentando explicar por qué estamos aquí o por qué tan pronto rompemos cristales como regalamos favores sin esperar nada a cambio. Quizás no estemos haciéndonos las preguntas correctas. Buscamos fórmulas para imitar o huir sin darnos cuenta de que disfrutar del camino es la respuesta a todas las preguntas, de que somos seres sociales diseñados para interactuar mientras vivimos. En Pienso, Luego Actúo puedes escuchar, elegir, acompañar y ayudar, pero sobre todo puedes disfrutar y sentirte mejor mientras lo haces.

Ver también dos reportajes de ReasonWhy: “Pienso, luego Actúo” evoluciona para dar protagonismo al usuario” y Pienso, Luego Actúo”: un viaje de ida y vuelta por el propósito de marca

¿Te animas y me ayudas a cambiar el mundo? Te recuerdo mi mail: jmiguel.poncemk@gmail.com

Fuente: El Pais: Pienso, luego Actuo