El Banco Sabadell, con la
colaboración de CESCE y Esade entre
otros, acaban de publicar “Exportar para crecer. Guía práctica de comercio exterior”, un
completo documento que muestra a las pymes cómo deben iniciar su aventura en el
exterior, cuáles son los principales beneficios (y riesgos),  cómo obtener
financiación para vender fuera de nuestro país y distintos casos prácticos que
nos pueden servir de inspiración.

Repasando la guía, nos ha gustado su sección “¿Qué obtengo al vender al exterior?”, en las que se nos explica que pese a sus riesgos, casi siempre tiene claros beneficios para las empresas. Los principales son los siguientes:

Aumento de las ventas

El acceso a nuevos mercados acompañado de una estrategia exportadora adecuada permite aumentar la cifra total de ventas. El 98% del poder de compra mundial reside fuera de las fronteras españolas y el 76%, fuera de la UE.

Menor dependencia de los ciclos económicos

Las diferentes áreas económicas no se mueven de forma acompasada. Así los períodos de bajo tono interior pueden compensarse con la mayor actividad en otros mercados.

Acceso a mayores economías de escala

El aumento en las ventas permite eliminar la capacidad productiva ociosa o infrautilizada, disminuir el coste unitario y ganar en eficiencia productiva. De igual forma, cuando se dispone de un know-how o de una tecnología propias o de alta eficiencia, el acceso a economías de escala es una forma de multiplicar su rentabilidad.

Alargamiento de la vida del producto

El acceso a mercados menos sofisticados o menos maduros permite alargar el ciclo de vida de un producto y, en consecuencia, su rentabilidad.

Acceso a un perfil más amplio de clientes

El acceso a nuevos mercados y a nuevos clientes permite ajustar más y mejor el segmento objetivo de clientes al que se dirige un producto determinado, o, por el contrario, ampliarlo.

Diversificación de riesgos

La diversificación en la actividad, en los mercados y en los clientes evita una concentración excesiva de riesgos y, en consecuencia, se experimenta una reducción global en los riesgos derivados de la actividad comercial de la empresa.

Mayor competitividad en el mercado interior

La experiencia adquirida en un entorno de competencia global facilita el desarrollo y la adaptación de productos y estrategias, que pueden acabar incrementando la capacidad de venta en el mercado nacional.

Acceso a subvenciones y a ventajas fiscales

Con frecuencia la actividad exportadora está incentivada fiscalmente y da acceso a líneas especiales de las Administraciones Públicas dirigidas a incentivar la internacionalización de la empresa.
Fuente: MuyPymes