En España existen más de 300 ‘start up’ que se enmarcan -supuestamente- dentro de la llamada economía colaborativa. Un concepto muy de moda, que surge de las posibilidades que brindan los canales digitales para compartir, encontrar y revender bienes entre usuarios, pero tan revolucionario que no cuenta siquiera con una definición estándar.

Muchos de esos modelos no eran posibles antes de la aparición de las apps o del despliegue de las conexiones de banda ancha fija y móvil. En otros casos, se trata simplemente de digitalizar el comercio P2P de toda la vida, y dotarles a través de los canales digitales de una escala nunca vista.

Pongamos un ejemplo: Wazypark, galardonada este año con el Premio FICOD a la Mejor Start up. Con esta aplicación, los usuarios pueden avisarse unos a otros de dónde aparcar. “Somos una comunidad de conductores que nos ayudamos entre nosotros a encontrar aparcamiento. El que retira su vehículo deja un hueco libre; si este usuario avisa al resto de la comunidad del lugar donde deja el sitio, ayuda a otros a encontrar plaza más rápidamente”, explica Carlos Rodríguez Vargas, consejero delegado y uno de los socios fundadores de Wazypark.

En la actualidad, Wazypark registra 600.000 descargas y más de 250.000 usuarios únicos mensuales en toda España, que han compartido entre sí más de 8,5 millones de sitios libres, ahorrándose así 382.000 horas dando vueltas y vueltas con el coche. A cambio de su ayuda, los usuarios son premiados con descuentos en compañías de seguros, carburantes, comida a domicilio, talleres, comercio electrónico, etcétera.

En un futuro próximo, Wazypark prevé ir un paso más allá y convertirse en una plataforma o marketplace que integre, además de la información colaborativa sobre plazas de aparcamiento, otros servicios de interés para el conductor como el pago móvil del estacionamiento regulado, el pago de gasolina, un servicio de alquiler de coches entre particulares…

¿Es Wazypark una empresa de economía colaborativa?

Depende de qué entiendas por economía colaborativa. En mi opinión, habría que distinguir entre las empresas que tratan de monetizar servicios alrededor de comunidades de usuarios, como es nuestro caso, y aquellas puntocom que conectan a unos usuarios con otros y comisionan por ello”.

En su opinión, por tanto, la delgada línea que separa la economía colaborativa del comercio de toda la vida (comercio P2P, pero comercio al fin y al cabo) está en el tipo de actividad económica. Siguiendo este criterio, Wazypark sería una “start up creada en torno a una comunidad”, y por lo tanto sí podríamos integrarla dentro del paraguas del sharing.

Hay quien concibe la economía colaborativa de un modo más amplio, incluyendo también a esas plataformas de comercio social. “No existe una definición estándar. Desde mi punto de vista, lo importante no es tanto la semántica como el creciente poder que tiene el individuo , gracias a estas plataformas, para conectarse y agruparse de forma sencilla, rápida y a gran escala”, señala Albert Cañigueral, fundador de ConsumoColaborativo.com y miembro de la red Ouishare para España y América Latina.

En términos similares se muestra José Luis Zimmermann, portavoz de Sharing España, que habla en cambio de “todos aquellos modelos de negocio disruptivos que ofrecen bienes y servicios en entornos regulados“.

¿Y BlaBlaCar?

Siguiente ejemplo: BlaBlaCar. En esta plataforma, un conductor que tiene ya planeado realizar una ruta determinada decide buscar personas con las que compartir los gastos derivados de ese trayecto, y teóricamente no se lucra por ello. En este sentido, la plataforma, aunque comisiona por poner en contacto a oferta y demanda, también podría considerarse parte del movimiento de la economía colaborativa.

Cabify, no rotundo

En cambio, Cabify, que consiste en un servicio profesional de conductores privados con licencia, no puede considerarse una empresa de sharing pura.

Tanto Cabify como BlaBlaCar han sido llevados a los tribunales (denunciados por la Federación de Taxis de Madrid y la patronal de autobuses Confebús, respectivamente). Al menos en el primero de los casos, la suspensión cautelar ha sido desestimada por el Juzgado de Instrucción nº 12 de Madrid, que considera que la urgencia de esta medida es desproporcionada. El caso legal seguirá su curso.

Airbnb, otro ejemplo dudoso

En sector turístico, Airbnb es un caso híbrido. Es colaborativo en el sentido de que está basado en la confianza de los usuarios, que publican, descubren, reservan y comentan sobre los alojamientos y sus propietarios.

Aunque, si bien no era ésa la intención de la puntocom, lo cierto es que una parte de los apartamentos en alquiler son ofrecidos por empresas inmobiliarias, que encuentran aquí un escaparate más para su catálogo. Además, estrictamente hablando, en la mayor parte de los casos no se trata de ‘compartir’ una vivienda con más gente, sino simple y llanamente de arrendarla.

Airbnb actúa aquí como un intermediario alternativo a las agencias o los portales de clasificados, pero un intermediario al fin y al cabo. El tratamiento fiscal de dicha actividad es un debate aparte.

¿Y el bitcoin?

La criptomoneda de moda se asocia a valores estrechamente relacionados con lo social y lo comunitario. Una de las compañías en España que opera en este negocio es Bitchain, que alrededor del bitcoin y de la tecnología blockchain desarrolla soluciones como cajeros automáticos y TPV. “Para mí, economía colaborativa es todo aquello que implique no tener que medrar con un intermediario, en nuestro caso, los bancos“, opina Joaquin Fenoy, director de Bitchain.

A vueltas con la regulación

La economía colaborativa es tan amplia, aborda tantos sectores, que nunca tendrá una regulación única. Pero sí es posible regular el tratamiento legal y fiscal tanto de los modelos de negocio en sí, como de las nuevas fórmulas de trabajo –¿qué impuestos deben pagar los usuarios?-. Con el ánimo de aunar la voz de las empresas del sector se creó la asociación Sharing España, “Somos partidarios de que todo esto se regule, y de que se haga buscando el modo de encajar en la economía los muchos y muy variados modelos de negocio que están surgiendo”, apunta José Luis Zimmermann, portavoz de esta asociación. “No es sencillo. Por ejemplo, la movilidad está transferida localmente, y el turismo es cosa de las CCAA”, explica. Para Zimmermann, “la economía colaborativa y en general todos los nuevos modelos de negocio tienen evidentes implicaciones sociales, económicas, laborales, etcétera. El debate sobre esas implicaciones es positivo y necesario”.

Fuente: Expansión

Agradezco a Miriam Arroyo su colaboración en esta entrada