A día de hoy, se puede decir que la prohibición de los móviles en las aulas es una tendencia mundial. Cada vez más países limitan su uso de un modo u otro. Este tipo de normas han proliferado especialmente en el último lustro, coincidiendo con la creciente preocupación social con respecto a la omnipresencia de los dispositivos digitales. Y la pregunta es: ¿Está respaldada esa “intuición popular” por la investigación académica? La respuesta, muy resumidamente, sería un “sí, pero…”.
Conviene partir de una premisa: la investigación en el ámbito educativo resulta muy complicada. Por un lado, no es sencillo crear condiciones de laboratorio, pues muchos padres no estarían conformes con que se “experimentara” con sus hijos, incluso si ese experimento puede depararles algún beneficio.
Por otro lado, es sabido que en el desempeño de un alumno influyen multitud de factores, desde los referidos a su perfil personal (nivel socioeconómico, hábitos culturales de la familia, además de las propias dotes intelectuales), hasta otros asociados a su centro escolar o incluso a la legislación del país. Desentrañar el impacto de uno en particular requiere “aislar” todos los demás. Cuando se trata de evaluar el efecto de prohibir los móviles en las aulas, hay que añadir una restricción más: la mayoría de las prohibiciones datan de hace pocos años, por lo que aún no se puede medir el impacto a medio y largo plazo.
Padres y profesores, muy de acuerdo; alumnos, depende
Uno de los puntos de consenso es que tanto padres como profesores se muestran, por lo general, partidarios de prohibir los móviles en las aulas. Lo señala, por ejemplo, un estudio elaborado por investigadores de distintas universidades estadounidenses que analizó lo ocurrido en 40.000 escuelas de todo el país tras la prohibición del móvil. Además de medir los efectos académicos, los autores entrevistaron a docentes y familias. En ambos grupos, el respaldo a la medida era muy mayoritario. En la misma dirección apunta, en cuanto a los profesores, una investigación española que se centra en dos comunidades autónomas (Galicia y Castilla-La Mancha) que aprobaron sendas prohibiciones en 2014 y 2015. Según los autores, casi un 90% de los docentes preguntados consideraban que esta medida había mejorado la atención de los alumnos en clase.
Los estudiantes, por su parte, no se muestran tan contentos. Al menos no en todos los sitios ni desde el primer momento. Por ejemplo, el estudio estadounidense (el de ámbito nacional) señala que la mayoría de los afectados por la prohibición estaban disconformes, especialmente durante el primer año tras esta. Con todo, la oposición bajaba considerablemente después.
Un aspecto interesante que aparece en varios estudios es que las familias con más recursos económicos son más partidarias de prohibir los móviles, y tienen más capacidad para presionar a los colegios en esa dirección.
Algo menos de “bullying”, más interacción personal
Más allá de las percepciones subjetivas de padres, profesores y alumnos móviles es su efecto en la salud mental de los estudiantes, y en concreto en la incidencia del cyberbullying, una de las cuestiones más analizadas por la literatura científica sobre la prohibición de los móviles .
Fuera de los estudios, algunos testimonios dan cuenta de cómo la “desaparición” de los móviles facilita la interacción personal de profesores y alumnos, y de los alumnos entre sí. Por ejemplo, la directora de una escuela argentina que optó por una prohibición “dura” (los dispositivos se guardan en cajas cerradas fuera del alcance de los alumnos, y durante toda la jornada escolar) explicaba en una entrevista hace unos meses que los patios habían recuperado su función de lugar de encuentro y de juegos colectivos, cuando antes la imagen más frecuente era la de decenas de alumnos aislados en sus pantallas. En su centro educativo se probó primero una aproximación más blanda, basada en el autocontrol, pero pronto quedó claro que no daba resultado. Ahora, son los propios alumnos los que agradecen no tener el móvil cerca.
De su testimonio también es interesante lo que cuenta sobre los padres. Los profesores se percataron de que, con frecuencia, eran ellos los primeros en enviar mensajes a sus hijos durante la jornada escolar. Sin embargo, cuando la dirección les reunió para explicarles la nueva política, hubo aprobación unánime, lo que da fe de la importancia del respaldo público (o de una cierta “coerción” moral) en este tipo de iniciativas.
Impacto académico: mal no hace, pero el diablo (o el ángel) está en los detalles
El efecto de las prohibiciones sobre el rendimiento académico es, con diferencia, la parte más contestada en la literatura científica, aunque predominan los estudios que señalan un impacto positivo.
Algunos estudios muestran que la mejoría difiere por sexo, y proponen hipótesis distintas: mientras que los autores del norteamericano citado arriba piensan que el mayor impacto en chicos tiene que ver con cuestiones de disciplina, otro especula con que la ventaja de las chicas se debe a que ellas hacen un uso más intensivo del móvil.
Todos estos matices dan pistas para la futura investigación en el tema. En global, parece que la prohibición de los móviles es efectiva en cuanto al clima escolar y también, aunque de forma menos clara y con varios condicionantes, de cara a las notas.
“La prohibición del uso de teléfonos móviles puede ayudar a restablecer el orden y la atención, pero el orden por sí solo no garantiza el éxito. Los verdaderos avances en el aprendizaje se deben a un plan de estudios de alta calidad, a la tutoría y a una enseñanza excelente”.
Resumen del servicio ACEPRENSA publicado el18 de mayo

