Septiembre llega, y los santos nos invitan a pensar

Termina la primera semana de septiembre y el verano da los últimos coletazos a pesar de que el calor parece alargarse cada año más.  Los días se van acortando y con ello surge cierta morriña por lo rápido que transcurren las esperadas vacaciones.  Por lo menos a mi me suele pasar eso todos los años y en todas las fiestas que suponen una espera, aunque este año no, quizás por la ilusión de que pronto veré la carita de mi primer nieto.

Pensamos que todo pasa muy rápido y no nos da tiempo casi a disfrutarlo y echamos la culpa al ritmo de vida, pero está en nuestras manos elegir  cómo queremos vivirla.  Quizás sea por ello, según dicen, que parece empieza a haber intención por parte de los jóvenes de volver a los hábitos de sus abuelos. El exceso de vivir en un mundo virtual está trayendo el gusto por los objetos reales, por lo físico, los libros de papel, los detalles, lo analógico, y lo tradicional, no por el simple hecho de volver a lo antiguo, sino porque es  lo que vale.  Ojalá siga esta tendencia.

(…) Esta semana el notición ha sido  la decisión de Pablo Garna,  un chico católico, influencer y moderno, de entrar en el seminario. Su próxima opción de vida ha provocado que la noticia se publique en todos los medios y parece que ha conseguido revolucionar las redes.

Pero  ¿tanto sorprende que un chico decida entrar en el seminario y su único objetivo en la vida sea aspirar a la santidad?

Este domingo día 7, el beato Carlo Acutis y el beato PIer Giorgio Frassati serán inscritos en el Registro de los Santos. Dos santos que murieron jóvenes, uno del siglo pasado y otro actual, pero ambos son todo un  ejemplo  de que se puede ser santo en el mundo y a pesar de él, en cualquier época. Esta celebración es una feliz forma de volver a retomar la rutina de nuestras vidas instalando en ellas el deseo de la santidad, porque  ser santo no es hacer grandes obras, es una cuestión de los que hacemos todos los días,  poco a poco. Es la renuncia diaria a uno mismo por el bien de otro, lo que se llamar “amor”, pero con la ayuda del Espíritu Santo, porque ya sabemos todos que solos no podemos. Caemos una y otra vez…

El próximo día 12 de septiembre se estrena en cines la película “Solo Javier”, la historia de otro joven santo, aunque todavía no esté reconocido, pero de otro joven que, después de haber vivido mucho, descubrió lo auténtico, lo que daba sentido a su vida, y la dio por ello. Y ese mismo día también se estrena “Kit de santidad”, el camino a Dios de Carlo Acutis.  Buenas películas que muchos cines se empeñan en boicotear.

Al igual que nos preocupamos por recuperar la línea, saneamos el pelo y nos ponemos a dieta por los excesos del verano, necesitamos  volver a cuidar nuestra dimensión espiritual,  si es que la hubiéramos descuidado, cosa que suele pasar. Esta dimensión al final, es la que dirige verdaderamente nuestro deambular en la vida y nuestra forma de relacionarnos. También nos ilumina en los objetivos a los que dirigirnos,  si estamos fuertes en el Señor, capearemos lo que la incorporación al trabajo, a la universidad, y a los problemas y retos que la vida nos traiga. Incluso no necesitaremos leer tantas recetas mágicas para lograr eso que se llama paz interior, porque llegará sola.

Es  el valor del amor en lo cotidiano,  en las cosas hechas con amor para los demás, porque si pones amor, hallarás amor. Lo cotidiano supone estar pendiente, estar presente para el otro siempre que te necesite, supone humildad, amabilidad, servicio, cuidado, tiempo de dedicación, esfuerzo, renuncia,

(…) En la encíclica  Veritatis Splendor, San Juan Pablo II recordaba la necesidad de volver a hacernos los interrogantes que acompañan a la condición humana, y quizás la vuelta del verano sea un buen momento para plantearnos estas preguntas como recordatorio, por si nos despistamos un poco de las respuestas o no las habíamos respondido todavía. El cambio por el cambio, el progreso por progreso acelerado en estos momentos, hace que sigamos  mirando hacia delante sin pararnos a pensar.

os cambios de vida de  tantos jóvenes excepcionales  como los antes mencionados, o la Hermana Claire Crokett, la beata Isabel Cristina Mrad Campos, y muchos más, que sí se hicieron las preguntas que debían hacerse, nos ponen  el listón muy alto.  Tenemos tarea para hacérnoslas e intentar responder.

Pilar Castañón

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