Servir para cambiar el mundo

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“En vez de quejarte, haz algo para cambiar”. Es el titular de una entrevista a una empresaria. Me parece un magnífico lema para los miles de españoles enfadados, desencantados, molestos, decepcionados… Si la conclusión es “todo está mal” y “esto no hay quien lo arregle”, entonces no nos debe extrañar que las cosas no se arreglen. Además, los que se quejan no mejoran como personas.

Eso de “alguien debería hacer algo” no es una solución. Y esto vale para los grandes problemas del país, pero también para los problemas de la propia familia, empresa, comunidad de vecinos, pueblo, etc. Esta situación me recuerda la frase de Gandhi “si quieres cambiar el mundo empieza por cambiarte a ti mismo”. Cuando, mejoramos en nuestras actitudes y comportamientos, también mejora nuestro entorno y, por tanto, el mundo.

¿Qué podemos hacer cada uno para cambiar el mundo? Por ejemplo, procura trabajar mejor. Cumple con más delicadeza tus deberes. Párate a saludar al vecino, sí, a ese que es aburrido, molesto… Pon una sonrisa en tu cara.  Aconseja a un colega que adopte esa actitud. Así habrás conseguido que haya un sinvergüenza menos en el mundo, o dos, y que haya un ambiente un poco más alegre y optimista a tu alrededor. Y cuando llegue la noche, podrás alegrarte por esa pequeña victoria. Y, lo más importante, estarás cambiando tú por dentro. 

Estoy convencido de que las personas mejoramos cuando practicamos el espíritu de servicio como actitud de vida. Servir es ayudar a alguien, es una actitud permanente de colaboración hacia los demás. La persona servicial lo es en su trabajo, con su familia, con sus amigos, etc. pero también en la calle, ayudando en cosas aparentemente insignificantes, pero que van haciendo la vida más agradable.

Es importante desarrollar el espíritu de servicio como actitud en la educación o en las actividades de formación en las universidades y empresas. Servir supone ejercitar virtudes como la humildad, la generosidad, la paciencia, la alegría, la solidaridad, entre otras, además de tener la preocupación de pensar en las necesidades y deseos de los demás. Para adquirir esta actitud, debemos esforzarnos por descubrir pequeños detalles de servicio en lo cotidiano.

Todos experimentamos que al prestar un servicio nos sentimos más alegres y felices, mejoramos como personas porque estamos ejercitando virtudes. Como decía el poeta: Yo soñaba que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida es servicio. Serví y vi que el servicio da alegría

Este artículo se publicó en el Diario de Almería

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