¡Que se puede bailar sin un whisky!
La idea de que parranda y alcohol son un matrimonio indisoluble ha estado anclada en la mente humana desde la antigüedad, al punto de que el propio Cicerón sentenciaba: “Nadie baila sobrio, a menos que esté loco”. Por ello, el ilustre romano se haría un lío al tratar de desentrañar un aparente oxímoron que hoy,
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