En una ocasión vinieron un hombre y una mujer a mi despacho por un asunto de herencia a favor de la mujer. Era un matrimonio ya de años, ambos de mediana edad, estable y, se podría decir, bueno. Por algo que venía a cuento y no recuerdo, les dije: el artículo 66 del Código Civil dice que el marido y la mujer son iguales en derechos y deberes (era antes de la reforma). Y ella, de inmediato, saltó como un muelle: Díselo, repíteselo, repíteselo. A ver si se entera…
¿Qué dice la Biblia?
La Biblia indica poéticamente la idéntica dignidad del hombre y de la mujer, cuando nos cuenta que Dios creó a Eva sacando carne de la costilla de Adán. Y también el primer hombre reconoce esa idéntica dignidad de ambos, cuando prorrumpe contento ante ella: Esta es, verdaderamente, carne de mi carne y hueso de mis huesos. El Génesis también reconoce la igualdad entre ambos cuando declara que “Dios creó al hombre -este hombre es genérico e incluye al hombre y a la mujer- a imagen suya, a imagen de Dios lo creó”.
Pero en España hay traducciones de la Biblia que no la reconocen y se pueden repetir sin dar la mínima importancia. Así en el Gn. 1, 27 al poner: “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó. Varón y hembra los creó”. No, varón y hembra no los creó. Pues lo equiparable a hembra es macho y se aplica a los animales.
La historia de las palabras
Varón es un término que proviene del Imperio Romano. Vir es término que procede del latín y podría traducirse por fuerza, por ejemplo. En el Imperio Romano el varón era de tal dignidad que sólo era para un ciudadano romano. Además, un varón eran algo tan excelso que ni había entonces ni hay ahora un término equiparable para la mujer, de tal dignidad y con la misma categoría. No tenemos una palabra aplicable a la mujer que se pueda equiparar a varón.
La realidad sería que, si los creó varón y hembra, Dios sería un machista. Y seguro que Dios no es machista, ni lo fue, ni lo es. Si Dios los creó iguales, los creó hombre y mujer.
Es más que evidente que Dios no los creó varón y hembra. Aunque lo encuentro en traducciones españolas. Así pues, en la Sagrada Biblia. Nacar-Colunga. BAC. Madrid, MMV, pág. 4 y 5. Además se aprueba y consta, con censura eclesiástica.
Es decir, para que sea real un pleno reconocimiento de la idéntica dignidad del hombre y de la mujer, nos queda aún un buen trecho a recorrer.
Académica de la RAJYL

