Sergio es muy deportista, optimista por naturaleza, luchador y muy trabajador. Desde que lo conocí como alumno se entusiasmó con el Marketing y me demostró con hechos, que no era una ilusión pasajera. Sentía que su vocación, su futuro, tenía que ser trabajar en un Departamento de Marketing. En todas las asignaturas relacionadas con esta disciplina, destacó por su participación, iniciativa e interés. Comenzamos a hablar con frecuencia. Le dejaba libros y artículos, que se leía con ganas.

Al terminar su carrera Sergio empezó a recorrer una nueva etapa de su vida. Primero fue a pedir la limosna de unas prácticas en una empresa que le sirviera para adquirir experiencia y mejorar como persona y profesionalmente. Después, llegó el primer trabajo que nunca es definitivo. Cambiaba de empresa casi una vez al año.

Por fin, un día me llamó: quiero hablar contigo. Le escuché y me hice cargo de su actual situación laboral. Ya trabajaba en un Departamento de Marketing, pero después de describirme sus funciones y competencias, empezó a contarme una infinidad de situaciones en las que se sentía maltratado y explotado, poco valorado por su jefe. No aguataba más y de pronto, se quedó en silencio y me dijo: ¿tú sabes lo que me pasa?, que soy un gasto fijo. ¿Qué dices?  Le contesté sorprendido. Efectivamente, es frecuente que los gastos de personal de una empresa se consideren una carga mensual, cuando debería ser una inversión en la personas, que son las que realmente dan la vida a la empresa.

Desgraciadamente, esta historia la he visto repetirse. Esto ocurre cuando se confunde las personas con medios o herramientas. No se pueden utilizarlas como medio para nada y tampoco para aumentar los beneficios a cualquier costa. Es cierto que los beneficios son necesarios, pero ése no es el fin principal de una empresa. Lo mismo que la respiración es necesario para vivir, el fin de la persona no es respirar. La empresa ha de servir a la persona y a la sociedad. La empresa es una comunidad de personas que comparten unos objetivos. La misión de una empresa, sean cual sean sus características es prestar un servicio. Solo el servicio, la ayuda, da sentido a una actividad empresarial que quiera ser una fuente de riqueza para la sociedad.

En otras ocasiones hablaremos de otras experiencias empresariales. Quiero terminar con lo que Sergio debería haber dicho a su jefe: ¡Trátame como una persona y no como un coste!

Este artículo se publicó en el Diario de Almería