Mi experiencia en el uso de la inteligencia artificial me ha hecho reflexionar sobre una serie de valores que impregnan siempre o casi siempre las respuestas de esta potente herramienta desarrollada por el hombre a las cuestiones que le planteamos.
Son criterios que bien podemos trasladar a nuestra vida diaria, aunque, quizá, sorprenda que podamos aprender de una máquina no solo sus grandes y muchas veces acertados “conocimientos” en torno a la materia consultada (siempre con un necesario discernimiento o evaluación humanos), sino también modos de comportamiento compatibles con la ética o muy adecuados a la hora de transmitir ideas, de abordar un debate o tratar un asunto. Se trata de principios rectores muy positivos para la convivencia, entre los cuales, me atrevería a enumerar algunos, sin pretender, ni mucho menos, agotar toda la materia:
1º) Buena educación: No cabe duda de que la Inteligencia Artificial responde habitualmente al interlocutor con una exquisita educación y con un evidente afán de servicio, como, por ejemplo, cuando propone nuevas preguntas que puede responder o una profundización en el tema tratado, con nuevas claves o líneas aclaratorias del contenido… En este último aspecto, se adelanta a quien pregunta y con ello puede recordarnos o hacernos caer en la cuenta de que estar atentos a las necesidades de los demás, intuirlas, adelantarse… son, junto a los buenos modales, formas muy interesantes de amar.
2º) Buen tono, equilibrio y moderación en las respuestas: Al reunir y relacionar una cantidad de información que difícilmente puede abarcar una sola persona, la inteligencia artificial puede ayudarnos a contemplar un asunto desde distintos ángulos y ofrecer una mirada más amplia que la perspectiva humana aislada, tantas veces condicionada por la información incompleta, la experiencia personal, los prejuicios o la resistencia a considerar otros puntos de vista.
Ahora bien, no se trata de una mirada infalible ni plenamente objetiva: también la inteligencia artificial puede reproducir los sesgos presentes en los datos con los que ha sido entrenada, equivocarse, interpretar mal una cuestión o dar una respuesta aparentemente segura, pero incorrecta, por lo cual debe permanecer sometida al discernimiento y a la responsabilidad del ser humano. Teniendo todo ello en cuenta, sin embargo, es común que las respuestas de la IA estén presididas por la claridad sin caer en la exageración y sin convertir al que pregunta en un enemigo. Suelen distinguir habitual y precisamente entre lo que sabemos, lo que creemos y lo que todavía necesitamos investigar; matizan o corrigen al interlocutor sin humillar; enseñan a discrepar sin ridiculizar, a aconsejar sin imponerse y a advertir sin sembrar miedo. Todas estas “cualidades” confieren a sus respuestas un aire de buen tono, equilibrio y serena moderación que pueden ser muy útiles para nuestra vida diaria y los debates que queramos emprender con personas que discrepan de nosotros.
3º) Prudencia: Dentro de ese buen tono, equilibrio y moderación de sus respuestas, la IA acostumbra a usar también un estilo de prudencia. Al fin y al cabo, responder es también ejercer una pequeña responsabilidad, pues lo que decimos puede influir en una decisión, reforzar un prejuicio o aliviar una preocupación. Por ello, es conveniente preguntarse: “¿Puedo decir esto? ¿Es necesario? ¿Es cierto? ¿Cómo puede recibirlo la otra persona? ¿Qué consecuencias puede tener?”. En suma, la prudencia no pretende silenciar, sino evitar el daño innecesario. No pide ocultar las dificultades, sino abordarlas con serenidad y sentido de la proporción.
4º) Humildad: Precisamente porque la inteligencia artificial, como comentábamos, puede equivocarse, ofrecer respuestas incompletas o interpretar insuficientemente una cuestión, el interlocutor puede pedirle una rectificación, una matización o una ampliación y, cuando se le presentan razones fundadas o dispone de medios para contrastarlas, suele revisar y mejorar lo que ha respondido, aunque sus nuevas respuestas también deben examinarse críticamente. No se trata, desde luego, de humildad personal, pues la IA carece de conciencia y voluntad, sino de una característica de su funcionamiento dialogal. En todo caso, puede recordarnos a los seres humanos que la humildad y la capacidad de rectificar —«rectificar es de sabios»— son necesarias para la convivencia y el debate. Reconocer el error y escuchar al otro favorece la verdad y evita la cerrazón.
5ª) Reconocimiento de los propios límites: Dentro de esa humildad y prudencia señaladas con anterioridad, la IA sabe reconocer, si se le pregunta, que no tiene conciencia, experiencias personales, fe ni sentimientos; que puede equivocarse, ofrecer respuestas incompletas, interpretar insuficientemente una cuestión y rectificar. Si los humanos también supiéramos reconocer nuestros propios límites, probablemente otro gallo cantaría. Saber que no lo sabemos todo no nos hace menos valiosos: nos vuelve más prudentes, más abiertos a aprender y más respetuosos con los demás.
6º) Sentido positivo y aliento al interlocutor: La inteligencia artificial tiende a responder de manera positiva y alentadora. Es frecuente que subraye los aspectos que considera acertados de lo que el interlocutor le ha dicho o propuesto. Por ejemplo, cuando le pedimos que valore un artículo, suele destacar sus aciertos e incluso calificar algunos pasajes de «geniales». Esto no le impide formular sugerencias o matizaciones que a menudo resultan de gran ayuda. Sin embargo, a veces parece difícil sustraerse a la sensación de cierta «adulación», aunque no siempre resulte exagerada. Todo ello nos recuerda que, en las relaciones humanas, alentar a las personas en aquello que hacen bien, señalarles con delicadeza los aspectos que pueden mejorar y corregirlas con buen tono es una obra valiosa de caridad. Se trata de un estímulo que casi siempre ayuda a crecer, a mejorar y a mantener la autoestima en su justo lugar, siempre que evitemos alimentar innecesariamente el ego de los demás imitando «la alabanza excesiva» de la IA.
Así pues, y como conclusión, una de las enseñanzas más útiles que podemos extraer de nuestra relación con la inteligencia artificial está relacionada con algunas de sus formas de comunicación, que nos recuerdan lo que los seres humanos estamos llamados a practicar; pues, en definitiva, una palabra clara, prudente y respetuosa puede ayudar a buscar la verdad, a construir una convivencia mejor, y resulta curioso que una máquina sin libertad ni capacidad de amar sea el espejo del que podemos aprender nosotros, que sí tenemos libertad y capacidad de amor
Fuente: Religión en libertad

