VIVIR CON SENTIDO Y PROPÓSITO

Nuestra vida es un aprendizaje y una lucha continua por metas y retos que apasionan, y otros más difíciles que nos salen al camino…, y nos «forjan» como personas, con ese anhelo de querer y sentirnos queridos que todos tenemos.

Necesitamos una «estrella polar» que nos guíe en la vida, un sentido para apuntar alto y no desanimarnos con los contratiempos y tareas cotidianas. Y una actitud optimista de comenzar y recomenzar, porque siempre hay algo que se puede hacer en cualquier situación, por mala que parezca. Así convertir dificultades en retos que estimulen a dar lo mejor de uno.

¡Qué importante es la actitud! Señala Elisabeth Lukas: ”Con una actitud positiva se puede sacar provecho hasta de la situación más amenazadora, mientras que, con una actitud negativa, hasta una estancia en el Paraíso puede resultar insoportable.”

Y contar con que habrá tropiezos, y caeremos, pero siempre podemos levantarnos con nuevos bríos, pedir perdón, y comenzar de nuevo, mirando esa estrella que nos ilumina el sendero…

A veces, cuando miramos hacia atrás, vemos claro el sentido de algunas dificultades, heridas pasadas, que en ese momento no entendíamos. Pero luego quizá sí. Por eso, en adelante, si algo no vemos claro, es necesario no desanimarse y pensar que podemos aprovechar todo para avanzar, aunque cueste, aunque duela. Ya veremos qué nos deparará de bueno. Y nuestros seres queridos quizá necesiten, además de nuestro cariño, ese ejemplo y coherencia en nuestra vida para luchar sin desánimos. Puede que más adelante lo comprendamos o vislumbremos un sentido.

Como decía un gran sabio, muchas veces vemos nuestra vida como un tapiz por detrás… Saltan a la vista los nudos y puntadas menos vistosas que lo afean, pero algún día lo veremos por delante, y nos maravillaremos de su belleza: del cariño que sembramos, del dolor llevado con gallardía y elegancia, del intento por alegrar a otros, por crear algo hermoso, por iluminar caminos llenos de oscuridades y sombras, y en definitiva por querer a los demás.

Si pudiéramos imaginarlo antes, especialmente cuando más nos cuesta, y ver la trascendencia de lo cotidiano, seríamos más sencillos, nos enfadaríamos menos, cuidaríamos a las personas cercanas, pondríamos pequeños detalles de cariño, dedicaríamos tiempo real en familia…, con atención, sin «distractores». Viviríamos con intención y propósito, apuntando a metas que merecen la pena, alineadas con nuestra vocación, misión y sentido.

Por eso, qué necesario es pensar «qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”…Anclar nuestra vida en valores que no pasan de moda, y hacerlos vida, pues de este modo mejoramos como personas, y consecuentemente seremos más felices.

Pensar con frecuencia: esto que voy a hacer hoy, ¿me acerca o me aleja de donde quiero ir?, o como quiero ser… 

Y como siempre, aprender a pedir perdón si hemos fallado, y agradecer tantas cosas buenas que recibimos.

Así la vida tiene sentido y propósito, aunque a veces cueste, y destellos de eternidad, por ese cariño que damos sin esperar algo a cambio…, por la generosidad y el agradecimiento que permiten hacer de la vida una «obra de arte» que ilumine y anime a otros, especialmente en la propia familia.

Para acabar, unas ideas del doctor Viktor Frankl, que siempre ayudan, para dar sentido a las dificultades y retos de la vida.

Hablando del campo de exterminio nazi: … “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino.»

Ante una situación dura se nos abren dos caminos opuestos. Tenemos la libertad de elegir qué hacer. Podemos reaccionar sin más a esas circunstancias, y ser víctimas, o tomar el control: ser proactivos y pensar cómo queremos responder.

Es la libertad interior propia de las personas, de su alta dignidad, a pesar de las condiciones en que nos toque vivir. El desafío de hacer algo grande con la propia vida, incluso en condiciones duras.

Mª José Calvo 

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