Hace unos días me llamó una antigua alumna, para comentar su situación profesional. Ha desarrollado una carrera profesional brillante, incluso ha ocupado cargos de gestión y gobierno en su empresa. Sin embargo, ahora está sufriendo y pasándolo muy mal, porque tiene la convicción de estar siendo sometida a acoso laboral o mobbing. La escuché con atención, le hice algunas preguntas para hacerme cargo de su situación, pero ella solo repetía ¡Ya no aguanto más! Le aconsejé que fuera al médico y pidiera la baja laboral.

Cada trabajador que haya pasado (o esté pasando) por una situación de mobbing sabe cuáles fueron los motivos que lo generaron, las maniobras que puso en marcha el hostigador, el malestar que le provocaron, las consecuencias que han tenido para su vida profesional y personal. Motivos frecuentes del acoso son: aliviar costes de personal, ahorrándose las indemnizaciones, incompetencia por parte del líder para desarrollar su rol, envidias, carreras profesionales disruptivas, no saber qué hacer con un trabajador, desear contar con otros perfiles… Podemos resumir las estrategias, en dos que son contrarias entre sí: agobiar con ocupaciones y responsabilidades, vaciar de contenido el puesto de trabajo; todo ello aderezado de un “qué prescindible eres” o “da gracias que no te despido”.

Es aconsejable hacer frente cuanto antes a la situación de acoso, pero si ya ha pasado tiempo suficiente para interiorizar que las cosas no pueden cambiar y que te está afectando a nivel personal, es hora de tomar decisiones como sincerarte con tu médico de familia, consultar con un abogado o experto en temas laborales, iniciar una búsqueda de empleo activa (que incluye reciclaje profesional)… y, mientras tanto, si tus ingresos no te permiten dar ningún paso para desvincularte de tu trabajo actual, busca vías de escape y satisfacción en tu tiempo de ocio, busca el consejo y el acompañamiento del amigo, y en definitiva cuidar de ti mismo, prescindiendo en lo posible de las circunstancias actuales. Cultiva la fortaleza para que, mientras duren, te afecten lo menos posible: aprende a ponderar y a aceptar, y esto no es resignación es mantener una actitud prudente mientras luchas activamente por el cambio.

No olvides que estás viviendo una injusticia y que no te lo mereces, adopta una actitud firme, actúa con sabiduría, sé activo, procura ser optimista y no dejes que nadie te haga creer que la culpa es tuya porque no vales.

Este articulo se publicó en el Diario de Almería